El imperio inka

semisubterráneo haya sido repavimentado con un estilo distinto de mampostería, además de otra evidencia arquitectónica del sitio, implica que estaba reacondicionado para cumplir un nuevo o mejorado propósito. Esta remodelación podría estar vinculada con las preparaciones de Atahualpa para recibir formalmente la insignia del cargo después de la muerte de su padre (Bray & Echeverría, 2014). AL FIN DEL IMPERIO El sitio de Inca-Carangue y la región alrededor de Quito en los Andes ecuatoriales cumplen un rol crucial en los capítulos finales del Imperio incaico. Atahualpa estaba en ruta desde la frontera norte hacia la capital de Cuzco para buscar el reconocimiento de su estatus como nuevo Sapa Inca cuando fue capturado por Pizarro en Cajamarca a finales de 1532. Poco después de su encarcelamiento, su general Rumiñawi huyó a Quito con algunos de los hijos y esposas reales de Atahualpa; no se sabe si bajo órdenes de Atahualpa o no (Fernández de Oviedo y Valdés, 18511855[1534], p. 228; Estupiñán, 2003). Atahualpa fue posteriormente ejecutado en julio de 1533. Su cuerpo fue enterrado por los españoles, pero exhumado poco después y supuestamente entregado a Rumiñawi en Ecuador (Murúa, 1962[1611], p. 222; Betanzos, 1996[1551-1557], p. 274; Estupiñán, 2011, pp. 192-193), pues los restos del gobernante eran cruciales para la transferencia de poder y sucesión imperial (MacCormack, 1991). Después de la llegada de los refuerzos españoles a comienzos de 1534, uno de los capitanes de Pizarro, Sebastián de Benalcázar, partió hacia el norte en busca de tesoros y para asegurar el control sobre el reino septentrional del Tahuantinsuyo, mientras que la mayoría de las fuerzas españolas enrumbaron hacia el sur (Cieza de León, 1998[1553], pp. 268284; Jijón y Caamaño, 1983[1936]). La resistencia incaica contra los europeos en Ecuador fue liderada por Rumiñawi y por el gobernante inca de la frontera norte de la región, Zopozopagua (Cieza de León, 1998[1553], pp. 290-293; Estupiñán, 2003, pp. 61-69; 2011, p. 191; Salomon, 1986, p. 184). Indudablemente tenían como objetivo vencer a los españoles y proteger el Imperio para la facción de la realeza incaica basada en Quito. Sus tropas probablemente consistían de mitimaes reubicados en la región una o dos generaciones antes, pues la evidencia documental sugiere que mucha de la población indígena no tardó en aliarse con los 834

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