monitoreados por un representante incaico. La población debía trabajar para el inca y participar de las ceremonias y rituales programados donde se les daba mucho de comer y beber (Ramírez, 2005, p. 223). La instalación inca más grande puede ser caracterizada por su carácter predominantemente político-religioso, con casas del Sol y de usnus como en Cochabamba, Inca Lacta, Pucarumi y el Intihuatana de Posic, que expresaba la identidad e ideología inca en un paisaje sagrado de huacas. Espléndidas ceremonias y rituales deben haberse llevado a cabo en cada sitio para controlar e impresionar a la población local. La naturaleza religioso-política de estos sitios no es una sorpresa. La existencia diaria de las sociedades inca y chachapoya estaba colmada de obligaciones hacia deidades, ancestros e ídolos. Era necesario buscar augurios en los animales y las hojas de coca, escuchar a los oráculos, satisfacer las demandas de los sacerdotes y chamanes y cuidar de cumplir con las tradiciones y costumbres con ofrendas constantes. Algunos sitios incaicos cumplían un carácter más agroeconómico; mientras que otros estaban ubicados en puntos estratégicos de observación, y probablemente servían el rol de estaciones de control, protección, refugio y alojamiento para soldados y funcionarios viajeros. También se han encontrado instalaciones menores como refugios para chasquis, los corredores que llevaban mensajes o algunos objetos por los caminos inca. En general, la conquista inca del pueblo chachapoya sirvió no solo como un medio para incrementar la producción de cultivos y otros artículos de valor, sino para establecer y mantener la ideología de los incas gracias a la construcción de múltiples instalaciones. Finalmente, al comienzo de la época colonial durante el siglo XVI, los chachapoya sufrieron un declive poblacional mucho mayor al de otros repartimientos norteños (asignación coercitiva y oficial de trabajadores nativos a trabajos y empleadores españoles), debido no solo a las enfermedades traídas por los europeos, sino también porque muchos huyeron hacia la selva (Cook, 1981, p. 185). La mayoría de los sitios incaicos fueron abandonados. Poco después, el bosque regresó y se tragó a los antiguos asentamientos y zonas agrícolas, que anteriormente podrían haber parecido islas de espacios abiertos en un «mar» de bosque verde oscuro. Casi todos los esfuerzos hechos por los conquistadores y misioneros para conquistar y colonizar la selva oriental durante los siglos XVI y XVII avanzaron a lo largo de la antigua carretera inca desde Cajamarca, 800
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