El imperio inka

plumas coloridas como los guacamayos y otros loros, así como el gallito de las rocas, también abundaban en la zona. De bosques densos y extensos, la región también suministró enormes cantidades de madera y leña. Consideremos la enorme cantidad de leña que se necesita solo para preparar chicha (cerveza de maíz), consumida en inmensas cantidades durante las ceremonias mensuales y en los fuegos eternos en los principales asentamientos incaicos para cumplir con las obligaciones hacia sus deidades (Murúa, 1946, libro IV, cap. II). Los Chontaces, un curacazgo chachapoya en la ceja de selva, pueden haber provisto a los guerreros con material para sus lanzas. La palma de chonta es una de las maderas más duras y fue probablemente utilizada también por los Incas para sus armas (AGI 123, Ramo 4, 1v). Se sabe también que los chachapoya produjeron textiles de algodón y lana para prendas finas especiales muy apreciadas tanto por los incas como por los españoles y que fueron entregadas como regalos. Grandes rebaños de llamas y alpacas pastaban en las tierras altas y el algodón era cultivado en muchos de los valles (Cieza de León, 1986, cap. Lxxviii). Los chachapoya también eran famosos por sus chamanes y herbolarios que usaban poderosas plantas medicinales de la selva y con la que podían envenenar «según los días, meses o años en que quieren que muera» (Polo de Ondegardo, 1916, p. 30). Las drogas también formaban parte de los rituales proféticos en Chachapoyas a principios del siglo XVII (Ramírez, 2005, p. 146). Los actuales chamanes de la costa todavía recolectan hierbas medicinales especiales de Chachapoyas. Los árboles alucinógenos, como la trompeta del ángel (datura arborens), se encuentran en toda la zona quechua, mientras que la coca fue y es cultivada en muchos lugares de la zona yunga. Las fuentes históricas relacionan el uso prehispánico de las semillas de espingo (Nectandra sp.) como algo específico de la provincia de Chachapoyas (Arriaga, [1621], 1968, p. 26). Las semillas de espingo están presentes en el arte moche y en el de las culturas posteriores de la costa norte del Perú (Donnan, 1976). Considerando los diversos y valiosos recursos, tanto tangibles como intangibles, de la región de los chachapoya, es comprensible que los incas quisieran obtener control total del área y de sus instalaciones. Afirmaban que su padre, el Sol, protegía al ganado y la agricultura, y adoraban y trabajaban para él. Creían, además, que su hijo, el inca, les traería múltiples beneficios. Los grupos locales, sin embargo, buscaban protección en sus propios curacas y ancestros cuando no eran 799

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