probablemente consideraban que los nuevos territorios montañosos eran habitados por apus (poderosos «señores de las montañas) y deidades foráneas, y que los espíritus y ancestros del pueblo chachapoya debían ser incluidos en su universo, tal y como solían hacer. Los curacas locales tuvieron que ser convencidos de formar parte del Imperio inca, pero los curacazgos chachapoya no estaban listos para rendirse ni celebraron cuando Cuychaculla, su huaca principal (ídolos sagrados, objetos o lugar), fue llevada a Cuzco. Reubicar a las huacas provinciales (tomándolas en realidad como «rehenes») fue una práctica inca extendida que sirvió para simbolizar su estatus como subordinadas al Sol y asegurar la lealtad de las poblaciones provinciales. Los chachapoya eran un pueblo orgulloso que, con sus asentamientos centrales con casas circulares y símbolos en cimas de montañas, dejó una marca distintiva en sus tierras desde el siglo IX, lo que contrastaba con la práctica incaica de establecer de manera dispersa diferentes tipos de instalaciones con estructuras cuadradas o rectangulares. ¿Por qué se interesaron tanto los incas en la región de Chachapoyas? Hay varias razones de importancia. Por un lado, las características topográficas del paisaje representaban una serie de recursos simbólicos, incluyendo un lago en la forma de una serpiente, cabeceras de ríos, lagos, y rocas de formas inusuales que podían ser consideradas huacas. Otros factores eran la posición estratégica de Chachapoyas como una puerta de entrada hacia el este y sus múltiples recursos agroeconómicos y minerales (oro, cinabrio, hojas de coca y sal), útiles para sus propósitos religiosos y más mundanos. Las «montañas de Chuquitambo y Cochabamba» (BNM 3040: f.448) y Posic albergaban minas de oro, y la sal que se extraía en Posic era luego intercambiada con otros lugares. Animales salvajes como jaguares, pumas, jabalíes, ciervos, picuro (también conocidos como paca o majaz [Agouti paca], roedor herbívoro y nocturno de gran tamaño) y serpientes, entre otros, eran también de interés para la «prisión» incaica donde se mantenían animales salvajes vivos (Guamán Poma, 1615, p. 304) o por sus pieles, cuernos y otras partes que utilizaban en sus rituales. También debe haber existido una demanda insaciable de plumas coloridas para los tocados ceremoniales y prendas de los incas. La jefatura de Pomacocha obsequió al inca Chuquis Guamán hermosas plumas y aves (Murúa, 1946, cap. 44). Las redes para capturar pájaros descubiertas en la laguna de los Cóndores (en exhibición en el Centro Mallqui, Museo de Leimebamba) también sugieren la existencia de dicha práctica. Aves con 798
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx