e llena de grandes bascosidades, de grandes cierras e de montañas, muchos ríos grandes y pequeños» (Cieza de León, 1986, parte 4, 198r). Este mundo y ambiente pertenecieron al llamado pueblo Chachapoyas, que había desarrollado una cultura autónoma y avanzada utilizando y manteniendo un estilo y símbolos comunes, como se puede apreciar en su diseño de la arquitectura, cerámica y textiles. Desde el siglo XIX hasta el XV, los habitantes de la región Chachapoyas tuvieron su propia organización sociopolítica y habían establecido poderosos y competitivos curacazgos étnicos. Cada uno de los tres cacicazgos era responsable de la medida inca de un huno (diez mil hogares) cuando fueron visitados por el capitán español Alvarado en 1536 (BNL A 585, 92v, Álvarez publicado en Espinoza Soriano, 1967, p. 299). La agricultura y la ganadería estaban confinadas a zonas fértiles específicas en valles muy angostos, y algunas laderas de valles y ondulantes en las alturas (Schjellerup, 1997, p. 41). Los chachapoya dominaban el bosque montañoso de nubes, donde asentamientos estratégicamente ubicados en la cima de las montañas cuidaban la comunicación y rutas de transporte que recorrían los ríos por el fondo del valle, controlando los valles y los pases a las tierras más bajas por el este gracias a una red de interacción social. Los asentamientos nucleares jerárquicos se ubicaban en las zonas más elevadas y tenían hasta más de 400 estructuras residenciales, como Kuélap en una altitud de 3000 msnm y Papamarca a 3650-3800 msnm. Un asentamiento chachapoyas promedio tiene entre 50 y 100 edificaciones de piedra con construcciones monumentales de casas redondas de 6-10 metros de diámetro (Lerche, 1986; Narváez, 1987; Schejellerup, 1997, 2005). Estas construcciones están adornadas con símbolos distintivos como frisos en zigzag, figuras serpenteantes y rombos, entre otras. Existe una clara distinción en la decoración arquitectónica entre la región norte, caracterizada por un énfasis en los frisos con forma de rombos, y la región sur, que prefería frisos más serpenteantes. El sitio de Congona, cerca de Leimebamba, está decorado casi exclusivamente con diseños geométricos, sin duda debido a su importancia ceremonial y simbólica (Schjellerup, 1997, p. 50). Hacia el este, los sitios chachapoyas son fortificaciones protegidas por altos muros. Parece que algunos grupos chachapoyas temían los ataques de los grupos tribales de tierras más bajas, como los motilones y los jeberos (Schjellerup y otros, 2003, p. 281). El comercio y la hostilidad parecen 780
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