El imperio inka

Chachapoya, logrando someter la provincia al Chinchaysuyo (Guamán Poma, 1615, p. 163, BNL A 585:88v, Álvarez, 1572 publicado en Espinoza Soriano, 1967, p. 293). La divergencia que acabamos de exponer podría explicarse ya que Túpac Yupanqui logró estas conquistas durante el tiempo de vida de su padre, Pachacútec Yupanqui. LA CONQUISTA INCA DE LOS CHACHAPOYAS El Tahuantinsuyo estaba compuesto de muchos grupos étnicos y las políticas incaicas variaban según la provincia, pero, ¿cómo hicieron los incas para reconocer en sus políticas a los diversos grupos étnicos y sus territorios? Generalmente se afirma que, para comprender cómo los incas subyugaron y administraron una región, es necesario entender a la sociedad local que antecedió a su llegada, así como el paisaje geográfico y la cosmología e ideología incaicas. El paisaje era sagrado para los incas, que deificaron a las fuerzas naturales y cambiaron su entorno. Ello implicó construir andenes en las pendientes montañosas, modificar los florecimientos de rocas y construir instalaciones sagradas y seculares, a las que incorporaron manantiales, rocas y árboles especiales al ambiente montañoso. De acuerdo con Garcilaso de la Vega, después de conquistar la provincia de Huacrachuco, ubicada justo al sur de la provincia de Chachapoyas, Túpac Amaru parece haber perdido interés en continuar con la conquista de una zona tan montañosa pues el verano ya había pasado y el pueblo Chachapoyas era conocido por ser altamente belicoso y la zona, por sus fuertes lluvias. Uno de los motivos de esta renuncia puede haber sido las respuestas brindadas por los oráculos y hechiceros que los incas siempre consultaban antes de ir a la guerra (Cobo, 1990, p. 163). Aun así, el verano siguiente, cerca de veinte mil soldados llegaron para participar en la conquista de los chachapoyas. Según la tradición, los incas enviaron mensajeros para ofrecer paz o guerra, pero los chachapoyas «respondieron resueltamente que ellos estaban apercibidos para las armas y para morir en defensa de su libertad» (Garcilaso de la Vega, 1967, pp. 14, 15). Los incas llegaron a un ambiente con «Montañas ásperas, donde siempre llueve… tierra montuosa, poblada de sabandijas, abundante de tigres (jaguares), llena de árboles silvestres» (Calancha, 1638, p. 383). Y «Es aquella tierra de Moyobamba malsana e que en ella llueve lo más del año, 779

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