ESTUDIOS INCAICOS: LECTURAS INTERMINABLES Lo que recogieron de sus pasados los autores de estas fuentes primarias es tan diverso como la memoria. Todos nuestros testimonios revelan puntos de vista particulares; algunos son excelentes, pero ninguno definitivo. Hacen preguntas distintas sobre cuestiones enfrentadas, muchas de las cuales nunca podremos resolver. Aunque no contamos con la crónica inca ideal —un testimonio milagrosamente superviviente de un mundo «sin nosotros»—, sí tenemos por lo menos la caótica riqueza de distintas reconstrucciones parciales. Algunos investigadores ven en esto una oportunidad para triangular una mirada sobre la época incaica esperando saber «como realmente sucedió», utilizando múltiples fuentes y ajustando según sus sesgos. Otros, de una tendencia menos optimista, están fascinados por los «puntos de contacto» intelectual donde las distintas perspectivas del discurso incaico continuaron encontrándose y enfrentándose después de 1532. La persistencia de las voces incas en la Colonia indica que la cultura y discurso incas sobrevivieron mucho después de que la élite genealógicamente inca perdiera su hegemonía única. De hecho, muchas poblaciones andinas que pelearon contra la agresión externa de los incas durante el siglo XV ya pensaban en sí mismas como descendidas de incas en el siglo XVII (ver capítulo por Amino). Hoy, la palabra «inca» abarca mucho más espacio semántico que el etnónimo genealógico exclusivo de la élite cuzqueña. En cuanto a las preguntas, éstas son infinitas; el canon incaico nunca podrá darse por concluido. Un eje de debate persistente es la pregunta sobre si los escritos posteriores al Tahuantinsuyo deberían influir en la arqueología (ver capítulos 5, 17 y 20 por Bauer y Smit, Pärsinnen, y Hayashida y Guzmán, respectivamente). ¿Sugieren una heurística para los excavadores? ¿O debería la arqueología mantener su independencia, para evitar que los sesgos de la mentalidad monárquica o colonial distorsionen sus investigaciones? Otro viejo debate ha sido revivido por la crítica «poscolonial»: si los escritos sobre los incas fueron juez y parte del proceso de colonización española, con la escritura en sí misma protegida como la privilegiada tecnología de los españoles, ¿cómo podemos atribuir a sus contenidos un significado «andino» independientes de las premisas del imperialismo ibérico? ¿Cómo podemos convencernos que los «testigos» no fueron víctimas de una ventriloquía, haya sido o no intencional? Para alejarnos de tales contaminantes, la etnohistoria 78
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