hombre del clero e hijo de una princesa inca llamado Diego Lobato de Sosa, elaboraba una historia inca de la conquista española. Aún no se ha encontrado el texto original. Pero el cronista tardío Fernando de Montesinos reprodujo en el libro II de su Memorias antiguas historiales lo que bien puede ser una versión de la obra de Lobato (Hyland, 2007). Estas reflexiones no se dieron solo en los centros urbanos. En la víspera de las campañas de extirpación, en la provincial rural de Huarochirí, un cura bilingüe tan brillante como inescrupuloso llamado Francisco de Ávila contrató a alguien —parece haber sido un tal Cristóbal Choque Casa, educado para ayudar a los coadjutores escribiendo en «quechua pastoral»— para averiguar y registrar los nombres de los adoradores de huacas. Ávila aparentemente pensó usar estos datos para perjudicar a los parroquianos cuyas quejas habían provocado la reclusión de Ávila en una cárcel eclesiástica. Poco después Ávila recurrió a esta información para justificar lo que se convirtió en la primera campaña de «extirpación». Ávila de alguna manera adquirió el manuscrito de Choque Casa y lo guardó en secreto. Hoy conocemos ese documento secreto como la fuente quechua más importante de todas (Manuscrito de Huarochirí, [1608]1991, 1999). Único en todo el legado de documentos, explica una mitología andina con sus sacerdocios y costumbres en una lengua andina (similar al quechua pastoral, pero con influencias del idioma jaqaru de Yauyos). Como cristiano, su autor buscaba combatir a los viejos dioses. Pero aun así vivía subjetivamente en un mundo lleno de huacas, sin dudar su realidad ni su poder. Su propósito, afirmó, era escribir el libro que «los ancestros de la gente llamadas indios» habrían escrito si hubieran conocido la escritura. Este autor se adueñó del proyecto literario colonial y lo convirtió en innovación peligrosa. Adopta la perspectiva distanciada del cristiano para enmarcar la cultura popular, sin diluir su conocimiento minucioso del pensamiento local. Mientras el extirpador miraba a dicha cultura como enredo de supersticiones diabólicas Choque Casa intenta consolidar la infinidad de leyendas y leyes en una visión coherente del mundo. Caracterizó la mitología huarochirana como una fe. El manuscrito quechua se ocupa de los incas varias veces. El Tahuantinsuyo interactúo con los huacas locales y les favoreció con subsidios. El huarochirano mira a los incas como invasores, pero no enemigos. Hasta los reyes incas se hicieron suplicantes ante los huacas huarochiranos cuando necesitaban ayuda para sus guerras. 77
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