El imperio inka

Consideremos el caso de Cochabamba (Watchel, 1982). Los incas crearon un inmenso complejo agrario estatal dividiendo el fondo del valle en franjas donde trabajarían los grupos reclutados de orígenes diferentes. En este vasto paisaje creado y controlado por el Estado, el rol de los incas administrando las tierras de cultivo y la fuerza laboral se habría reflejado en las vestimentas tradicionales de los grupos tributarios, a medida que rotaban la tierra, plantaban, deshierbaban y cosechaban en las franjas de cultivo. El mantenimiento de los estilos locales en contextos estatales reitera y refuerza visualmente las obligaciones tributarias y el lugar de los súbditos en el sistema de tributo. En algunos casos, la producción de los estilos locales bajo los auspicios estatales habría permitido a los incas divulgar el control que ejercían sobre los artesanos de las poblaciones conquistadas. En este sentido, cabe considerar que, bajo el gobierno inca, los textiles y la cerámica de estilo chimú fueron distribuidos mucho más ampliamente que cuando los chimú fueron un reino autónomo y poderoso (Rowe, 1984, pp. 124, 185-186). Si bien se podría argumentar que la Pax Inkaica facilitó el comercio entre las entidades políticas de la costa norte (lo cual pudo ocurrir bajo la administración inca [Ramírez, 1990, pp. 529-531]), es también plausible que estos bienes hayan sido manufacturados por artesanos costeños que trabajaban para el Estado. La presencia de cerámica de estilo chimú en el Cuzco, en sitios provinciales estatales y en entierros de burócratas inca, sugiere que estas vasijas fueron producidas y distribuidas bajo los auspicios del Estado (Bingham, 1930, p. 161; Menzel, 1976, p. 236; Valcárcel, 1934, pp. 28-29). Mediante su acceso a los artesanos chimú, los incas pudieron haber expresado su dominio sobre anteriores enemigos poderosos. Si bien se siguió produciendo estilos locales para el Estado, es probable que en ciertas situaciones los artesanos hayan sido substancialmente reentrenados y hasta reorganizados. Por ejemplo, en sitios como Huánuco Pampa y Hatun Xauxa, más de 90% de la cerámica corresponde a los estilos inca (D’Altroy, Lorandi & Williams, 1998, p. 294; Morris, 1995, p. 427). No se ha hallado ningún taller de cerámica asociado a alguno de estos dos sitios, pero los análisis composicionales de las vasijas de estilo inca y de estilo local de los sitios Xauxa indican que el estilo inca fue elaborado de manera separada de la cerámica local (D’Altroy & Bishop, 1990). La cerámica inca supuso una mayor intensidad de trabajo y estandarización morfológica, por lo que requirió un alto grado de destreza 763

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