El imperio inka

dominio y subrayaron las obligaciones entre gobernantes y gobernados (Moore, 1996). De 5.2 hectáreas de área, la plaza de La Viña es la más grande de todas las halladas en los sitios inca de la costa y bien pudo dar cabida a hasta cincuenta mil personas. En comparación, la plaza inca en el sitio de peregrinaje de Pachacamac, donde los incas establecieron un templo al sol, es de 2.9 hectáreas de área; en Inkawasi, en el valle de Cañete, es de 1.7 hectáreas, y en Tambo Colorado, en el valle de Pisco de la costa sur, es de 1.3 hectáreas115. En cambio, la plaza de La Viña es comparable en tamaño a las áreas combinadas de las dos plazas principales del Cuzco (Cusipata y Haucaypata), aunque existieron algunos centros provinciales de la sierra con plazas ciertamente mucho más grandes (aproximadamente 20 hectáreas en Huánuco Pampa y 19 hectáreas en el sitio de Pumpu [Moore, 1996, tabla 2]). Es probable que los súbditos de todo Lambayeque (y posiblemente de más lejos, dado el tamaño inmenso de la plaza) fueran reunidos periódicamente en La Viña para participar en las ceremonias del Estado y tomar parte de la hospitalidad del inca. Estos habrían arribado vía el camino troncal que conduce directamente hacia la plaza del sitio, un patrón visto en otros centros inca (Hyslop, 1990, cap. 3). Tal accesibilidad contrasta notablemente con el uso de las plazas chimú, que fueron mucho más pequeñas y se encontraban dentro de complejos delimitados por altas murallas, y donde el acceso fue muy controlado y el tráfico dirigido mediante largos corredores y entradas confusas (Moore, 1996). Moore ha argumentado persuasivamente que los dos tipos de plazas expresaron las relaciones entre gobernantes y gobernados en dos formas muy diferentes: el tamaño pequeño y el acceso restringido de las plazas chimú enfatizó las distinciones de clases y la exclusividad de las actividades efectuadas dentro de ellas, mientras que los incas transmitieron un mensaje de inclusión a través de sus reuniones masivas en las plazas fácilmente accesibles. Mediante la construcción de la inmensa plaza de La Viña, y a través de las actividades efectuadas allí, los incas expresaron el nuevo orden imperial. La reorganización inca de Lambayeque también puede observarse en los sitios más alejados del camino troncal. Por ejemplo, los incas construyeron nuevos edificios para supervisar la producción que previamente había sido controlada o supervisada por los chimú, tal como la extracción y fundición de minerales en cerro Huaringa en el valle de La Leche (Shimada, Epstein & Craig, 1982). También se construyeron sectores inca en Túcume, la sede 753

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