de formación, que aplicar categorías analíticas y modelos a sus confines, donde son importantes los extraños (la otredad) locales. En este caso, ello se hizo más arduo, dado que apenas se inician los estudios y que los datos con los que contamos provienen más bien de las fuentes etnohistóricas. Reflexionar sobre lo anterior originó una serie de interrogantes e incertidumbre debido, precisamente, a que el estudio se centra en una zona periférica (en términos de sistema mundo) de un imperio, pero nuclear — podría decirse— en términos de reproducción estatal, sin olvidar el importante detalle de que a la vez era territorio de la población habitante previa, sujeta a un kuraka o señor local. Así, en las fuentes etnohistóricas, las voces émic, ¿son de los inkas soberanos o de otro rango? ¿De mitimaes transportados? ¿De señores locales elevados de rango, pero antiguos soberanos? ¿Del común de la gente? Todo ello nos ha llevado a reconsiderar a las sociedades preexistentes en la zona y a observar los datos y las fuentes con más cuidado, aunque por el momento —al no haber realizado excavaciones en los sitios previos a lo inca, indispensables para una mejor comprensión— nos vimos obligados a retomarlas. Desconocemos, por ejemplo, si Xaraxuri y Turumaya eran exactamente quienes ocupaban los sitios que denominamos del periodo Intermedio Tardío previo, lo cual —desde las fuentes— tuvimos que asumir, ya que en Bolivia no contamos con muchos estudios del periodo Intermedio Tardío que nos permitan comparaciones, y menos con «entierros» (in situ, contextualizados) de caciques o «señores» (siempre asumidos también por la etnohistoria). Nuestra sugerencia de Molle Pujru es lo más parecido a un acercamiento en ese sentido. Tenemos el reporte de que parte de los funcionarios incaicos eran los rachés —incluso a nivel de la jerarquía de kuraka— quienes en la época del Tawantinsuyu estaban muy ligados al principal grupo étnico de Pocona: los cotas. Ello complejiza comprender las estrategias incas con los locales, pues si bien queda evidencia de Turumaya y Xaraxuri, los caciques cotas supremos y sus relaciones («parentesco») con grupos del piedemonte —inicialmente siguiendo a Schreiber (1992) en el tema de estrategias—, se podría haber pensado en un sistema local complejo de dos niveles con un solo jefe supremo. Pero aquí tenemos no solo a los dos jefes supremos, sino también al menos a un raché con el mismo denominativo de kuraka; y no sería de extrañar que se encuentren otros. Peor aún, Turumaya figura como inca en la Relación de Alcaya (en Sanabria, 1961), con lo cual se desconoce su real papel. 690
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