El imperio inka

través de Paria, con bastante seguridad la producción lograda en Pocona sirvió para abastecer los ejércitos y para las incursiones y expansión inca hacia el oriente. Lo anterior especialmente desde el rol que jugó Inkallajta, donde el imperio instaló estratégicamente el mayor emplazamiento dedicado a la organización y control —que proponemos negociado de manera horizontal— de esa parte del territorio. Es decir, Inkallajta no funcionaba como una simple provincia o periferia, sino, a la vez, como un «centro» con su propia periferia hacia el piedemonte y hacia los llanos. Si bien Inkallajta puede ser considerada como el «otro Cuzco» (pues seguramente cumplió las mismas funciones que esta capital, pero hacia el oriente), todavía no ha sido comparada con las grandes civilizaciones de la antigüedad; pero su capital, el Cuzco, sí. Sin embargo, lo cierto es que Inkallajta debió jugar un rol tan o más importante, por ejemplo, que cualquiera de las Decápolis romanas establecidas en Medio Oriente o las ciudades aztecas importantes, con las que puede fácilmente tener características análogas. De hecho, la propia civilización azteca ha sido comparada con el Imperio inca, tema que no se toca en este trabajo dado que nuestro planteamiento contempla más bien el Kollasuyo. Finalmente, dado el clima en que se mueve nuestra ciencia desde aproximadamente la década de 1980, nos vemos en la obligación —sin cuestionar la racionalidad— de indicar que la razón, en tanto producción humana, es limitada y falible, histórica y relativa y, por tanto, los resultados de cualquier investigación son susceptibles de ser cuestionados, reformulados o corroborados y el mismo registro puede ser interpretado de manera diferente. Retomando a Deagan, Sinopoli y Smith, en D’Altroy (2001a, p. 127), nuestro conocimiento todavía es esquemático y selectivo. En ese sentido, a nuestro modesto modo de ver, el trabajo presentado debe ser visto como aproximaciones a un fragmento de la historia (o realidad) que se extrae de datos empíricos o evidencia arqueológica, que hemos aislado arbitrariamente, presentando los rasgos detectados, articulados en un complejo interpretativo sencillo, con la necesaria presentación de suficientes datos arqueológicos unidos con un razonable equilibrio a la teoría. Cabe mencionar algunas de las dificultades con las que hemos tropezado, ya que solo con su reconocimiento explícito será posible sortearlos en adelante. Aparte de lo mencionado, fue importante comprender que no es lo mismo tratar con temas de un imperio o Estado en expansión en su lugar 689

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