y por la Visita a Pocona (Ramírez, 1970), sabemos que en la zona existían los dos caciques «cotas» principales ya referidos como Xaraxuri y Turumaya con sus respectivas parcialidades, pero desconocemos si estos eran exactamente quienes ocupaban los sitios que denominamos del periodo Intermedio Tardío previo, aunque de alguna forma asumimos que así fue. Se reportan también chues y en el piedemonte, yumos, raches y yuracarés, quienes andaban «mezclados» (y eran fronterizos a Mizque, donde se hace visible un parentesco entre chues y yuracarés), y que además varios de estos grupos hicieron alianzas con los más feroces enemigos de los españoles: los chiriguanos. En suma, estos datos remarcan una relación estrecha entre el mundo andino —representado en antiguas etnias de los chuys y cotas de Mizque, Pojo y Pocona— y los mencionados grupos del Antisuyu. Lo anterior implica vínculos fronterizos ambivalentes que apuntan tanto a la asimilación pacífica, a través de alianzas políticas selladas con los señores hereditarios de las etnias regionales, pero también a que debieron enfrentar feroces embates cíclicos con los chiriguanos (del Río, 2004 y 2011). Los grupos mencionados realizaban las más diversas tareas, como balseros, salineros, vigilantes de puentes, etcétera (ver Muñoz, 2012); cabe recordar que estas tareas eran encargadas por los incas solamente a grupos aliados. Ahora bien, los caciques no eran neutros. Hemos visto que el trabajo (mano de obra) era la principal fuente de riqueza de los incas y que dependía de los caciques. Esto no escapa a nuestra zona, donde los dos caciques daban 50 de sus indios para la mita (Meruvia, 2000, pp. 306 y 149). Además, las fuentes reportan quipucamayocs, cocacamayoc, khoricamayoc y todo tipo de funcionarios especializados. La primacía total reflejada en las fuentes para Xaraxuri y Turumaya, por encima de cualquiera de los otros grupos, deja claro que fue con ellos con los que el imperio debió establecer relaciones para el control de la zona, ya que conocemos del total dominio de territorio bastante extenso por los cotas previo a la llegada inca —especialmente hacia el Valle Alto cochabambino —, así como su experiencia y conocimiento de muchos años en el piedemonte y en los cocales. Por otra parte, existen muchos ejemplos de que el imperio era «débil». D’Altroy (2001a, pp. 210-213) puntualiza la competencia faccionalista entre los propios miembros herederos, presente en el paso del poder de un gobernante a otro, y que estos conflictos eran centrales en la relación entre economía y política en el imperio. Asimismo, se conoce del reclamo de 684
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