Todo lo indicado nos lleva a pensar que no hubiera sido posible la expansión del imperio hacia el oriente y otras regiones sin la construcción de Inkallajta, la riqueza y productividad agrícola, los recursos de los yungas (fundamentalmente la coca) y todas las instalaciones incas de diverso tipo, y especialmente las de almacenamiento, etcétera. EL INTERCAMBIO DE CONOCIMIENTOS Y LA OBLIGATORIA NEGOCIACIÓN Para acercarnos a la relación que el imperio debió tener con la gente de Pocona, es importante conocer el paisaje político antes de su llegada a la zona. Ya desde la arqueología hemos mencionado las ocupaciones del Intermedio Tardío y también —esquemáticamente— desde la etnohistoria hemos mencionado que la zona de Pocona estaba reportada como multiétnica, no homogénea y dinámica. Asimismo, hemos adelantado algunas consideraciones del imperio en las provincias y el papel de los kurakas. Sin embargo, creemos que son necesarias algunas consideraciones y es preciso tratar de entender a «los locales» sobre los que el imperio habría llegado en nuestra zona, lo cual relativiza, de alguna manera, la «soberanía» inca en Pocona. Retomamos a Smith y Montiel (en Smith & Schreiber, 2006, p. 3), en cuanto a la cooptación imperial de élites locales. Por fuentes etnohistóricas 683
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