El imperio inka

intereses ante los españoles, no solo por parte de los señores locales, sino por los propios herederos de los inkas reales (D’Altroy, 2001a, p. 219). Aún en la línea de los conflictos, MacCormack (2001, p. 421) señala que, aunque había redistribución y bonanza, las rebeliones, conflictos y el descontento siempre estaban presentes entre los súbditos, al nivel de que facilitaron alianzas con los españoles (D’Altroy, 2001a). Si la sucesión fue muy problemática, hay que pensar que estas tensiones también tenían su repercusión (de debilidad) en los confines del imperio, aunque hubiera la percepción de continuidad y estabilidad. La propia construcción de Inkallajta y su arquitectura ciclópea pueden haber constituido una «necesidad» del imperio hacia la población local, de demostrar simbólicamente un «poder» absoluto que estaban lejos de tener, lo que nos lleva a pensar que las sociedades sobre las que llegaron los incas en nuestra zona de estudio podrían estar al frente de un «Estado débil». D’Altroy (2001b) nos habla de una jerarquía de oficiales estatales de incas étnicos y señores locales que amarraban el Estado —y los niveles locales juntos—. En la misma línea, Woolf (2001, p. 311) señala que las aristocracias incas dependían de la delegación de gran parte de sus gastos o costo de capital de las élites locales de varios tipos y, por tanto, fueron tolerantes con ellas por necesidad. Por otra parte, de todo lo visto en el trabajo, podría parecer que consideramos el ingreso inca a la zona como algo de una sola dirección. Así pues, suponer la imposición de un poder absoluto con una «fortaleza» (cuestión que desde la arqueología se ha podido clarificar en nuestro caso) implica una actitud pasiva de los observadores y de quienes posteriormente han repetido este término para designar a Inkallajta. Sin embargo, no todo es blanco o negro y consideramos que a lo anterior se suman otras visiones del imperio, percibidas desde las provincias y detalles que complejizan más aún esta relación. Así, a manera de matizar la irrupción inca en Pocona y en tanto los «lugares» pueden expresar no solo diferencias sociales, sino también las innovaciones locales, nos referimos a un sitio «inca» atípico, que constituye una muestra del indudable intercambio de conocimientos que también tuvo que darse con los habitantes de Pocona antes de su llegada (y, por lo tanto, de la también indudable influencia local que los incas debieron recibir). Se trata de Molle Pujru, cuya Estructura 2 (fig. 18.12) ha sido de extraordinaria importancia, ya que no responde a ninguno de los patrones conocidos hasta ahora en áreas de Bolivia y que consiste en 685

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