El imperio inka

Ambos hombres simpatizaban con cierta corriente neoplatónica cristiana que interpretaba las realidades naturales (p.e. los cuerpos celestiales) como manifestaciones de la naturaleza y acción divinas, de modo que la reverencia hacia la naturaleza aproximaba las verdades más elevadas de la revelación. Para Valera y Garcilaso, el culto inca al sol representaba una admirable aprehensión de lo divino dentro de los límites de una cultura sin la Biblia. Creían, por ello, que el catolicismo en América debía desarrollarse dentro de, y no en contra de, la herencia incaica —una 68

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