El imperio inka

reproducción de las estructuras de poder y esta es precisamente la vertiente que se quiere reflejar aquí, a partir de indicadores arqueológicos con los que contamos y en lo que nosotros suponemos como la mirada inca. La ocupación previa a lo inca en Pocona tenía un patrón de asentamiento en cerros de mediana altura —con alguna excepción—, lo que, comparado con la ocupación inca, muestra indudablemente que los incas llegaron para establecerse en las cimas de los cerros más altos (cumbres), con una posición estratégica —es impresionante cómo, desde cualquiera de ellos, se puede tener total visibilidad no solo del otro sitio, sino de todos los valles—. Las excepciones son el pueblo mismo de Pocona y sus alrededores, algunas terracerías y algunos de los sitios en el piedemonte. Según D’Altroy (2001a, p. 221), el gusto de los incas para modificar/planear espacios y estructuras es uno de los rasgos más distintivos de su acercamiento al diseño de los Estados (imperios, diríamos nosotros). En nuestro caso, el control del paisaje y la demostración de la intención de un control hegemónico se vislumbran a través de la distribución espacial macro de los asentamientos incas de la zona, donde su ubicación es tan estratégica que solo mirados desde la básica psicología cognitiva (relación alto/bajo) ya hablan de la intención inca al respecto. Asimismo, apelamos a una violencia simbólica (Bourdieu, 1977, p. 44) que es representada tanto en los elementos que evocan el poder inca, como en la apropiación del espacio (las cumbres más altas) y en la arquitectura monumental, ya que —como bien señala Bourdieu (1993) a este respecto —, el poder, en sus diversas formas, necesita manifestarse sobre el espacio físico, en referencia expresa a la arquitectura. Como se vio, los incas (muy probablemente las élites) privilegiaron los lugares más altos en la zona de Pocona, al parecer, de manera topológica, escogiendo los grandes cerros y sus cimas como la vista espacial simbólica privilegiada. Hablamos de un sistema relativo de representar las relaciones espaciales, en el cual los espacios particulares se proyectan desde el sujeto (los incas) y su posición social, quienes habrían ordenado el paisaje desde su perspectiva, construyendo así su propio modelo del espacio, posiblemente bajo el supuesto básico y convencional de que quien está más arriba tendría más poder y, obviamente, el control de los valles. Otro aspecto importante es la red caminera y los puestos de control (que simbolizan la restricción) en ella como uno de los indicadores control y de centralización e imposición. Como indica Schreiber (2001, p. 73), la extensión de la red caminera de un imperio es una excelente medida de su 673

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