cualquier imposición. Según Nordesnkiöld (1957), como parte de los ataques a los límites del Imperio inca, el sitio habría sido atacado por estos grupos. No se debe olvidar también que Inkallajta (más bien «la fortaleza de Pocona») habría sido «reedificada» por Huayna Capac, quien debía «dar orden en aquella frontera contra los chiriguanos». En el marco anterior, la hegemonía del poder inca se refleja en el tamaño del sitio y en la magnitud de su arquitectura monumental y puede ser puntualmente detectada a través del ejemplo notable de su «Kallanka». Este tipo de edificios se encuentran prácticamente en todas las capitales de provincia incaica o centros mayores y constituyen por su tamaño un símbolo de poder (Gasparini & Margolies, 1977, pp. 72, 103 y 104; véase Nair y Protzen en este libro); arquitectura de poder sin precedentes, que en Inkallajta, junto con la muralla ciclópea, debió causar un efecto impresionante y de alto impacto ante la gente conquistada. En términos generales, a nivel ideológico y hegemónico, la arquitectura resulta el indicador más relevante, siendo el Cuzco el modelo simbólico (Gasparini & Margolies, 1977, pp. 103 y 204). De otra parte, la intención hegemónica también puede ser detectada a través de la cerámica (estatal, estandarizada): especialmente en Inkallajta hay vasijas típicas incas, aunque mayormente de factura local (Muñoz, 2012). EL CONTROL DEL PAISAJE, DE RECURSOS Y DE EXCEDENTES El control es uno de los aspectos más recurrentes relacionados con el poder y no está ausente de lo anteriormente tratado para Inkallajta. Un elemento importante, en tanto supremacía como parte estructural de la hegemonía, es la modificación/alteración del paisaje en términos generales y, específicamente en nuestro caso, la que se da en la zona de Pocona. El enfoque del paisaje se mueve bajo la premisa de que cada cultura desarrolla su propio lenguaje para establecer las relaciones espaciales, lo cual permite construir un modelo del espacio, particular, cultural, dependiendo del contexto local, bajo una concepción no euclidiana, sino topológica (y colectiva) o con «acuerdo común», en términos de Iwaniszewski (2001, p. 219). En otras palabras, el espacio percibido es la representación de lo que construimos en nuestro intelecto en relación con lo que nos rodea. El paisaje, así visto, resulta de la unión de la construcción simbólica del espacio (dimensión mental o imaginaria) con su constitución real o material. En ese sentido, el paisaje tiene potencialidades para analizar también la implicancia en la creación y 672
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