significa que el mismo objeto o símbolo puede llevar significados distintos en contextos sociales diferentes. En nuestro caso, la arquitectura monumental tiene significados que pueden variar dependiendo del tiempo y del espacio, de la constitución del público y del propio código interpretativo del destinatario, el cual sería diferente para cada uno de los públicos presentes en la zona, lo que además da indicios de la tensión dominación/opresión que debió darse a partir de la propia interpretación del discurso de las estructuras. Aun en el caso de que la construcción de Inkallajta se hubiera dado bajo el modelo de Cuzco, para ninguno de los grupos tendrá igual significado. Los incas reconocerían la similitud entre Inkallajta y el Cuzco. Esta evocación del ícono de la capital no solo representaría el esquema y edificios de esa ciudad, sino también muchas de las relaciones sociales asociadas con ella. La autoridad legitimada, un imperio expansivo y la religión inca son constante y repetidamente recordados por el plano arquitectónico y el esquema de Inkallajta, y sirven como una réplica consistente y contextual de la acción social local e imperial y como símbolo «generador del poder del Imperio inca» (Coben & Muñoz, 2000). Para las personas locales conquistadas, o asentadas previamente, y probablemente para los mitimaes transferidos a esta región, Inkallajta, mientras todavía simboliza —quizá— el poder del inca, se interpretaría de manera diferente; la invocación del ícono del Cuzco tendría probablemente un significado menor o ninguno. Más bien, Inkallajta estaría simbolizando la hegemonía inca, en tanto fortaleza, centro ceremonial, político y administrativo. Las megaestructuras representarían y pondrían en evidencia las relaciones de poder entre el vencedor y el conquistado; incluso la habilidad inca de movilizar trabajadores no incas simbolizaría la hegemonía y su poder político y económico, mediante el cual se habrían aprovechado de la población local. Con el tiempo y con la repetición de rituales, Inkallajta podría servir de nuevo como una réplica, al posicionar y contextualizar el ejercicio de poder por los incas en la esfera local y sus esfuerzos por inculcar a los habitantes su religión y cultura (Coben & Muñoz, 2000). Recordemos a Alcock (2001, p. 333) cuando señala que el financiamiento de las élites para los festivales mayores sugiere que ellas estaban en posición de decidir cuáles cultos sobrevivían y cuáles no. Finalmente, para los chiriguanos, o grupos habitantes del otro lado de la cordillera, Inkallajta (en relación con el Cuzco) no tendría mayor significado, pero sí generaría un sentimiento de rebelión ante el invasor y 671
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx