El imperio inka

paradójicamente tolerantes con las élites locales. Al menos ello ocurrió en ciertos casos andinos, seguramente debido a que el propio imperio se sustentaba en los señores locales, con arreglos flexibles, ya que el trabajo (mano de obra) era la principal fuente de riqueza de los incas y dependía de los señores en cada provincia. Otros rasgos que son recurrentes son los ejércitos y el poder militar (Barfield, 2001, p. 32) así como la extracción de tributos (D’Altroy, 2001a, p. 210), el comercio y la reorganización del paisaje natural, cultural, social y político. También es frecuente la construcción de infraestructura imperial y el establecimiento de infraestructura administrativa, los sistemas de transporte, caminos y redes de información y comunicación eficientes (Barfield, 2001, p. 30; véase Covey en este libro). Finalmente, también se observa una recurrencia en cuanto a las fronteras, que pueden ser cambiantes (Morrison, 2001, p. 5), y a las provincias ubicadas en ellas. Aunque no es explícito en los autores, todo constituye una ingeniería para fines políticos; generalmente se tiene un proyecto imperial (Barfield, 2001, p. 32) que impone (o al menos es su intención) unificación y supremacía de un grupo sobre otro, incluyendo la existencia de un orden moral, social y político, en términos de legitimar la estructura de poder existente. En el caso que nos toca, como indica MacCormack (2001, p. 420), mientras que desconocemos muchas cosas, en lo que sí hay acuerdo universal es que lo que Pizarro y sus hombres invadieron fue indudablemente un imperio. Según la autora, las investigaciones arqueológicas y etnohistóricas han hecho posible la comprensión del Imperio inca como un imperio andino, caracterizado por ciertos rasgos que no son comunes o que no han sido encontrados en otros lugares. Por ejemplo, los incas describían sus tierras como el Tawantinsuyo, las cuatro regiones interdependientes, organizadas en mitades designadas de arriba y abajo, lo que se conoce como hanan y hurin. D’Altroy (2001a, pp. 201210) también indica que al menos la dualidad y el rango estuvieron presentes, con seguridad, en la sociedad inca y fueron propagados entre las sociedades de tierras altas que estos conquistaron y que —como en otras regiones sometidas al poder de imperios tempranos— el dominio fue cultural y geográficamente heterogéneo, por la variedad de formas políticas y lenguas encontradas en los Andes. Resalta también que los incas impusieron la primacía de sus dioses y proclamaron la historia cosmológica de la gente andina como suya propia e indica que hay una 662

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