El imperio inka

gentes y lugares», que adquiere el sentido de imperio territorial solo en su fase de máxima expansión. De los estudios revisados, retomamos para nuestro caso los rasgos más comúnmente mencionados para los imperios: en términos generales, hacen referencia al poder y control ideológico/religioso87, político, económico, militar (D’Altroy, 2001a, pp. 209-210), que puede ir desde formas de control ligeras a burocracias formales y desde cuestiones concretas a ideológicas, sutilmente disfrazadas en muchos casos. Están presentes la centralización (Schreiber, 2001, p. 74), una capital, la unificación del sistema o a un sistema, la capacidad de mantener control a distancia (Barfield, 2001, p. 31), la soberanía y la territorialidad (Schreiber, 2001, p. 74; Barfield, 2001; Subrahmanyam, 2001, p. 69). Asimismo, se repiten las políticas expansivas que incorporan otros estados (Woolf, 2001, p. 311), de conquista, el poder hegemónico ejercido sobre personas/comunidades, la incorporación de otras comunidades/Estados (más complejos), la capacidad de reorganización de las economías y pueblos provinciales (Schreiber, 2001) y la capacidad de controlar diversas ecozonas (Barfield, 2001, p. 30). Son constantes también la heterogeneidad y diversidad al interior de los imperios (Brumfiel, 2001, p. 310; Woolf, 2001, p. 311; D’Altroy, 2001a, pp. 201-210), no solo étnica y cultural, sino económica, de recursos, y de capacidad de manejo de esta diversidad, de generar estrategias también diversas en el relacionamiento (de los gobernantes) con diferentes grupos de enfoque, con distintas comunidades políticas, económicas, religiosas o étnicas (Alcock & Morrison, 2001, p. 279); por lo tanto, de manejo de su complejidad (Woolf, 2001, p. 311). Más frecuente es el tema de la ideología, de la cooptación de las creencias, del reemplazo de ideologías o la imposición de la religión imperial (Brumfiel, 2001, p. 284). Se trata del manipuleo ideológico que se da, ya sea a través de cultos (a los gobernantes y otros) o de la reconfiguración social de las memorias provinciales, considerando el rol y el poder de la memoria social en las sociedades imperiales88 o por la vía de virtud y generosidad de los gobernantes, que a menudo revisten la forma de redistribución de recursos, intercambios de regalos y reciprocidad (D’Altroy, 2001a, p. 206; véase capítulos 6 y 7 por Covey y D’Altroy en este libro). Asimismo, los imperios (no todos) están gobernados por élites internamente divididas o en tensión (Woolf, 2001, p. 311), pero 661

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