El imperio inka

apreciación general entre los estudiosos de que la dinámica de las políticas incas se da en términos de legitimar la estructura de poder existente, cuestión con la que estamos de acuerdo. En cuanto a las provincias incas o centros provinciales, en términos objetivos, todos repiten, en mayor o menor magnitud y esplendor, los esquemas imperiales incas: plazas, kallankas, ushnus, centros de almacenamiento y todos aquellos elementos que identifican la presencia del imperio —incluyendo la asociación a tambos y caminos— y que son reportados a lo largo y ancho de su extensión por diversos autores, que van desde cronistas a investigadores recientes89. Expresamente en Bolivia se cuenta con algunas provincias o centros de incursión incas (Alconini, 2002; Muñoz, 1999, 2007 y 2012; Malpass & Alconini, 2010) con diferentes tipos de control y grados de incorporación al imperio, como mencionan Rivera (2010, pp. 151-172), Van Buren & Presta (2010, pp. 173-192), Alconini (2010, pp. 75-107) y Lima (2008, pp. 24-37). Millones también indica: En algunos casos la expansión incaica había presionado tanto a los nativos que alteró el panorama social de la región. Tal es el caso de Cochabamba… donde migraciones forzadas llegaron a reemplazar a los habitantes autóctonos. Más de una vez los incas decidieron desarticular las estructuras políticas que se les opusieron (1987, p. 75). En ese sentido, no debemos perder de vista el importante rol que jugaron los kurakas a nivel de las provincias o de sus territorios, pues constituían el poder político en su zona y es a través de ellos que se expresa el poder político del imperio. La mayoría, si no todos, eran antiguos gobernantes o señores locales que fueron ascendidos a incas de privilegio o conservaron su poder, pero integrado a los intereses del sistema (Raffino, 2004, p. 216), justamente por haberse sometido (y a su gente) al inca y quienes estaban en directo contacto con su comunidad. Los kurakas adquirían muchos privilegios del inca; debido a su fidelidad, muchos fueron recompensados con mujeres, con tierras agrícolas, etcétera. Existen bastantes indicios de las alianzas (y tipos de relaciones) que hicieron estos señores con los incas (Millones, 1987, pp. 95-99; Alconini, 2010; Rivera, 2010; Van Buren & Presta, 2010; Lima, 2008). En el caso de Pocona, desde la etnohistoria tenemos el panorama de un territorio dinámico y multiétnico, con presencia de chues, cotas, yuracarés, yumos, raches, chiriguanos, yamparas y otros, que compartían recursos y que circulaban frecuentemente desde el piedemonte a los valles (Schramm, 1999 y 2012; Del Río, 2004 y 2011; 663

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