El imperio inka

proponen cambios en la práctica misional. Fue su mano oculta la que escribió los textos oficiales de la catequesis en quechua, además de definir el régimen para adoctrinar y tributar a los nativos reubicados en nuevos asentamientos coloniales. En 1590 Acosta terminó Historia natural y moral de las Indias (1987, 2002). El texto incluye una mirada etnológica bastante amplia y perspicaz sobre la sociedad inca, integrada con razonamientos natural-filosóficos que buscan explicar las idiosincrasias del Nuevo Mundo. Al intentar una teoría del paganismo está plagado de estereotipos y comparaciones equívocas con figuras «paganas» de otros tiempos y lugares. Su contemporáneo y posible conocido Miguel Cabello de Valboa escribió de manera similar su gran historia «antártica» (del hemisferio sur) con el objetivo de ubicar a las poblaciones andinas en la historia y geografía universales ([1586]1951). Cabello tuvo amplia experiencia de primera mano entre habitantes de las poco documentadas periferias del Imperio incaico en lo que hoy es el norte del Perú y el noroeste de Ecuador. Pero hay que leer con cuidado la Miscelánea porque (como el título implica) el autor mezcla sucesos imaginados con la narrativa histórica. Los textos «posconciliares» sobre los incas (es decir, posteriores al Tercer Consejo de Lima, 1582-1583) inevitablemente debían asumir una posición sobre la «idolatría» indígena; es decir, la religión andina imaginada como parodia diabólica del cristianismo. Esta era la época de máximo dogmatismo y agresividad del Arzobispado. La política «conciliar» se constituía de reglas uniformes: los curas de pueblos «indios» debieron evangelizar en una de las lenguas andinas, y debieron nombrar ayudantes que obligaran la asistencia y administrasen los castigos. Se publicaron libros catequéticos bilingües o trilingües, entre los primeros libros impresos en América. Para los «indios» con conocimientos más avanzados del catolicismo, los religiosos no demoraron en publicar elaborados libros de sermones (Avendaño, 1649) y manuales devocionales en «quechua pastoral» (Oré, [1598]1992). Conforme fueron muriendo los miembros sobrevivientes de la élite prehispánica incaica, las poblaciones andinas fueron progresivamente percibidas como meros vasallos vulnerables a los ardides de Satanás. La preocupación por el engaño diabólico queda evidente aún en el caso de un trabajo investigado con tanto esmero como la Historia del Origen y Genealogía Real de los Reyes Incas, texto ilustrado del mercedario Martín de Murúa. (El dibujante principal fue Felipe Guaman Poma de Ayala.) La 63

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