Los datos zooarqueológicos son escasos, pero provienen de distintos tipos de contextos (domésticos, administrativos, viales), por lo que permiten apreciar cierta variación en las formas de manejo de los rebaños y en las prácticas de consumo. A partir del análisis de restos óseos procedentes de poblados del alto Mantaro, Sandefur (2002) observa que casi el 90% de la carne consumida provenía de camélidos. Aunque las élites parecen haber consumido mejores partes que la gente del común, las diferencias no son significativas. Los perfiles de edad de los camélidos al momento de su muerte revelan que, aunque predominan los adultos, los subadultos y juveniles (<4 años) superan el 40%, lo que sugiere una estrategia de explotación mixta, que combinaba el consumo de carne de animales jóvenes con el mantenimiento de adultos para el transporte y la extracción de fibra. La similitud de patrones entre los periodos Intermedio Tardío (Wanka II) e Inka (Wanka III) sugiere que la anexión al Tawantinsuyu no cambió substancialmente ni el manejo ganadero local ni los patrones de consumo. Estudios realizados sobre conjuntos óseos procedentes de sitios —o componentes— incas en distintos valles del Noroeste de Argentina muestran algunas tendencias semejantes, pero también diferencias (D’Altroy y otros, 2000; Madero, 1993-94; Mengoni, 2013; Rodríguez Loredo, 1997-98). Los camélidos superan el 90% de los restos identificados en casi todos ellos y generalmente predominan los animales sacrificados antes de los cuatro años, lo que revela un interés por obtener carne y otros productos primarios (cuero, sebo). Se apartan de esta tendencia Tolombón (valle Calchaquí) y uno de los dos sectores analizados en Potrero Chaquiago (Andalgalá), donde predominan los individuos adultos, resultados consistentes con un manejo dirigido al transporte y la producción de lana. Algunas muestras incluyen además huesos de llamas excepcionalmente grandes, pertenecientes quizá a tropas seleccionadas especialmente para la carga. Cabe concluir, entonces, que se criaban rebaños con distintos objetivos productivos (por ejemplo, alimento, carga, fibras de distintas características, etcétera), según las posibilidades y demandas de cada región. De hecho, una estrategia compleja como esta sería lo esperable dada la extensión y diversidad del Tawantinsuyu, la gran cantidad de mano de obra dedicada a la ganadería y la posibilidad de circular animales en pie o sus derivados a distintos centros de consumo para atender necesidades específicas. 585
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