de excedentes de los centros productivos del estado o el abastecimiento del ejército y de contingentes oficiales en tránsito, aunque también de santuarios de singular importancia (por ejemplo, Pachacamac). El tamaño de estos hatos debió ser muy variable, siendo suplementados en caso de necesidad con animales procedentes de los centros ganaderos de altura. LOS PRODUCTOS GANADEROS EN LA ECONOMÍA DEL TAWANTINSUYU Todos los derivados de la ganadería —salvo la leche— eran utilizados, aunque las fuentes coinciden en señalar que se privilegiaba el uso secundario de los rebaños, para el transporte de cargas y la producción de fibra. De allí las numerosas referencias a la prohibición de sacrificar animales del Estado sin permiso de los funcionarios responsables (Dadenbach-Salazar, 1990, pp. 175-176; Murra, 1978). La carne era un alimento de consumo limitado, pero presuntamente las élites la consumían con mayor frecuencia. Una excepción eran las ceremonias públicas, pero aún en estos contextos la carne no parece haber alcanzado la importancia que tuvo el maíz (Bray, 2003, pp. 101-102). Otros productos que se aprovechaban eran los cueros para fabricar calzado, herramientas (como chakitaqllas) y techos; el sebo, de valor medicinal y ritual; los huesos para confeccionar instrumentos (por ejemplo, musicales, para tejer o trabajar el cuero, puntas de proyectil); y el guano, empleado regularmente como combustible y abono. Las llamas eran fundamentales para asegurar la movilidad del ejército, ya que además de transportar los bastimentos, podían ser consumidas oportunamente como alimento. Es por ello que las tropas comprendían más llamas que soldados, como lo informa Zárate (1862[1555]), quien afirma que las fuerzas de Quizquiz (capitán de Atahuallpa) sumaban 12 000 personas y unos 15 000 animales. Este ganado provenía en su mayoría de los rebaños dedicados al Sol, lo que atestigua el carácter mágicoreligioso conferido a la guerra en la cosmovisión andina (Murra, 1978, p. 96). También hacían su aporte las autoridades locales, por lo que los hatos confiscados de los grupos rebeldes eran distribuidos entre el culto solar, los kurakas aliados y los propios guerreros (Dadenbach-Salazar, 1990, pp. 178-179). Fuera del área nuclear, donde la nobleza disponía de sus propios hatos, los rebaños del Sol proveían además las necesidades de las wak’as y de los encargados de su culto (sacerdotes, aqllas), mientras que los del inca abastecían los centros administrativos y la infraestructura asociada a la red vial. 584
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