El imperio inka

Religión y del Inca se llamaban Moyas de la Religión y Moyas del Inca… (1892 [1653], vol. III, p. 251). La mano de obra necesaria para atender estos rebaños —conocidos como qhapaq llama por contraste con los que permanecieron en manos de los grupos locales o wakcha llama— tenía distintos orígenes. Una parte era provista por las comunidades locales a través de prestaciones rotativas (mit’a). La proporción de la población sujeta a estas labores variaba según la importancia de la ganadería en cada región; entre los pastores lupaqa podía afectar entre un 20% y la mitad de los trabajadores a disposición de la autoridad, mientras que entre los agropastores chupaychu de la sierra central comprometía solo a un 6% de las unidades tributarias (Murra, 1983). Muchos de los pastores del inca, sin embargo, eran especialistas de tiempo completo, una condición que en las principales regiones pastoriles existía desde épocas anteriores. Estos llama kamayoq, responsables del ganado del inca o del culto y de supervisar a los pastores de turno, fueron a veces trasladados como mitmaqkuna para implantar verdaderas «estancias estatales» en lugares propicios. En ciertos casos, grupos étnicos enteros o parcialidades dentro de ellos servían exclusivamente en esta actividad, como sucedía con los yaros, collaguas, sipesipes y casayas (DadenbachSalazar, 1990, pp. 127-130; Medinacelli, 2010, p. 66). Otros eran yanakuna, individuos que habían perdido vínculo con sus comunidades de origen. Pastores de esta condición fueron los principales encargados de los rebaños asignados a wak’as destacadas y a las fincas reales, donde satisfacían las demandas de las panaqas y del culto a las momias de los monarcas difuntos. La necesidad de establecer explotaciones ganaderas en nuevas regiones, la posibilidad de criar variedades especializadas (por ejemplo, en el transporte de cargas o en la producción de fibras de cierta calidad), la gran cantidad de animales que acompañaban los ejércitos en campaña y la importancia de las caravanas para el traslado de la producción excedentaria fueron algunos de los factores que promovieron el aumento del número de pastores especializados directamente dependientes del Estado y, más ampliamente, contribuyeron a la transformación de las relaciones de trabajo manifiesta en la creciente importancia de los yanakuna en la economía tardía del Tawantinsuyu (Murra, 1978, pp. 98-101; 2002[1964], p. 327). El Estado mantenía un cuidadoso registro de su patrimonio ganadero a través de los kipu. Cada año, en noviembre, se realizaba la contabilidad de los animales del inca y del culto en un clima de marcado ceremonialismo 580

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx