El imperio inka

sustentar los enclaves productivos del Estado era un problema difícil de resolver sin caravanas de llamas en un territorio que ofrecía obstáculos tan grandes para la circulación. No es casual, entonces que, durante la primera fase de Conquista, en la primera mitad del siglo XV, los incas hayan tomado control de las principales economías pastoriles en el Altiplano del Collao (collas, lupaqas, pacajes) y Charkas (carangas, soras, quillacas, asanaques), así como las de la sierra central (wankas, chinchayqochas, yaros). De este modo, a poco de iniciar su expansión, ya contaban con una ganadería excedentaria capaz de sustentar las conquistas ulteriores y de abastecer enclaves administrativos, religiosos o productivos en distintas regiones. Es probable que los incas hayan redistribuido sistemáticamente la masa ganadera al trasladar animales para fortalecer los rebaños estatales en regiones donde el pastoreo ocupaba un lugar secundario, pero también para abastecer santuarios importantes, la capital y las fincas reales en el área del Cuzco, donde hay evidencias de un significativo aumento de la carga animal durante el siglo XV (Chepstow-Lusty y otros, 2007). Dada su importancia como proveedora de fibra, cabe suponer que la cría de alpacas también se extendió hacia lugares especiales más allá de su hábitat original. Esta interpretación conciliaría la visión etnohistórica, según la cual fueron los incas quienes difundieron el pastoreo fuera de su área nuclear entre el Altiplano y la Sierra Central, con las evidencias arqueológicas que demuestran que durante el PIT la cría de camélidos ya se practicaba de alguna forma en casi toda la extensión de lo que sería el Tawantinsuyu. El establecimiento del pastoreo inca en las áreas conquistadas se iniciaba con la conocida tripartición de tierras para dotar de recursos a la administración estatal, al culto (solar y de otras wak’as) y a las comunidades locales. En el caso de la ganadería, sin embargo, la división comprendía no solo la apropiación de áreas de pastoreo (moyas), sino también la confiscación parcial de los rebaños locales. Como lo resume Cobo en el siguiente pasaje, la misma división tenía hecha el Inca de todo el ganado manso que de las tierras, aplicando una parte a la Religión, a sí otra y a la comunidad otra; y no sólo dividió y separó cada una destas partes, sino también las dehesas y pastos en que se apacentasen, de modo que anduviesen en dehesas distintas sin que se pudiesen mezclar; las cuales dividió y hizo amojonar en cada provincia. Las dehesas de la 579

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