El imperio inka

como víctimas en sacrificios, sino también como proveedores de carne y bestias de carga. Investigaciones isotópicas y arqueobotánicas recientes sobre las dietas de los camélidos en ocupaciones moche, gallinazo, sicán y chimú apuntan en la misma dirección, lo cual corrobora que los animales se alimentaban con vegetación invernal local (lomas, pantanos), maíz y desechos del cultivo (Goepfert y otros, 2013; Szpak y otros, 2014). Los valores isotópicos obtenidos sobre los camélidos momificados del PIT encontrados en El Yaral (valle bajo de Moquegua) muestran que los rebaños de la costa sur peruana también eran criados con vegetación local; una conclusión que es coherente con los perfiles de mortalidad, en los que se encuentran representadas todas las clases etarias, como se esperaría en una situación de pastoreo local (Thornton y otros, 2011). En los valles bajos de la región de Arica (norte de Chile), Valenzuela, Santoro y Briones (2011, p. 206) infieren la existencia de pastoreo a pequeña escala sobre la base de la presencia de restos óseos y acumulaciones de guano en sitios del PIT. Los indicios más australes de la cría de camélidos en las tierras bajas del flanco andino occidental se encuentran en los contextos Las Ánimas y Diaguita de los valles de las regiones de Atacama y Coquimbo (Castillo, 1989; ver también Cartajena y otros, 2014), donde los camélidos se encuentran ilustrados en el arte rupestre y la cerámica, al tiempo que acompañan frecuentemente a los restos humanos en los entierros, a veces vistiendo ornamentos que dan cuenta de su condición social. Al oriente de la cordillera, el pastoreo está bien documentado hasta Antofagasta de la Sierra y Laguna Blanca, en el confín meridional de la Puna argentina82 (Olivera, 1997), pero también fue practicado a menor escala en los áridos valles subandinos de las provincias de Catamarca, La Rioja y San Juan hacia el este y el sur (Dantas, Figueroa & Laguens, 2014; Gasco, 2014; Michieli, 2012). La porción superior de la ceja de montaña o yunga entre 1500 y 2300 msnm (según la latitud) ha sido comúnmente considerado el límite oriental de la ganadería tradicional andina, aunque hay referencias históricas a la presencia de camélidos en algunos valles más allá de esta frontera ecológica (Dadenbach-Salazar, 1990, p. 96) y es sabido que hasta el siglo XX las caravanas de llamas se internaban regularmente en las tierras bajas (Nielsen, 1998-99). La extensión del pastoreo preínca hacia el norte ha estado también sujeta a debate. Sobre bases etnohistóricas, Salomon (1986) argumentó contra la existencia de ganadería entre los pueblos de las tierras altas de Ecuador antes del Tawantinsuyu. A su juicio, la cría de camélidos y su empleo para 567

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