social, morfología y tamaño (Wheeler, 2012), al tiempo que algunos estudiosos piensan que las llamas y las alpacas resultan de trayectorias de domesticación relativamente independientes (Mengoni & Yacobaccio, 2006, p. 240). Mientras que los restos más tempranos de alpacas han sido datados en 4000 a.C. en la zona de Junín en las tierras altas centro-andinas (Wheeler, Pires-Ferreira & Kaulicke, 1976), grandes camélidos de tamaño similar a las llamas modernas aparecen alrededor del 2500 a.C. en numerosos lugares, desde la sierra del Perú hasta el norte de Chile y Argentina (Cartajena, Núñez & Grosjean, 2007; Mengoni & Yacobaccio, 2006). Fibras semejantes a las de las llamas modernas y acumulaciones de guano interpretadas como estructuras de encierro de animales han sido registradas en algunos sitios de esta misma antigüedad (Aldenderfer, 1998; Aschero & Yacobaccio, 1999), lo que confirma la existencia de prácticas pastoriles entre los cazadores-recolectores de fines del periodo Arcaico. Con el tiempo, la cría de ambas especies se convirtió en un componente fundamental de la economía en gran parte de los Andes. Las alpacas son valoradas principalmente por su fibra, que se utilizó en la confección de tejidos de gran calidad conocidos como cumbi. Las evidencias disponibles indican que, en general, la distribución de este animal no excedía las tierras altas desde la sierra del Perú hasta el altiplano central de Bolivia, ya que se encuentra adaptado a los pastos de grandes vegas o bofedales que abundan en las punas húmedas de esta área, pero desaparecen en las punas secas y desérticas al sur de Oruro-Tarapacá. La llama —especialmente la variedad «peluda» o chaku— también cuenta con buena fibra que los pastores actuales emplean en la fabricación de sogas, costales y telas bastas, pero dado que es el camélido más robusto (85-140 kg) es valorada principalmente como fuente de carne y animal de carga. En viajes de larga distancia pueden avanzar unos 15 km diarios, en promedio, cargando 35 kg y alimentándose solo con las pasturas naturales que encuentran a lo largo de la ruta. Las llamas son famosas por su adaptabilidad; tienen menos demandas de agua que las alpacas y la flexibilidad de su dieta les permitió vivir en ambientes muy diversos, desde los desiertos salados del Altiplano sur hasta los valles costeros del Perú (por ejemplo, Shimada & Shimada, 1985; figura 1). 565
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