El imperio inka

en sí mismo? Esta mención es solo para hacer notar tareas futuras, teniendo en consideración que textiles, maíz y charki eran considerados bienes de élite; o qué decir de las ofrendas de Spondylus en los adoratorios y su posible vinculación de las deidades de los cerros y Mamaqocha, el océano. Schroedl ha sintetizado una postura, al considerar la Qhapaqocha como un ritual político que habría funcionado como un modo de consolidación política, en el sentido de que su construcción y desarrollo hasta consumar el ritual se construye, en definitiva, colectivamente (véase Schroedl, 2008, pp. 19-27). El aspecto centro cusqueño de la preparación de la Qhapaqocha —indisoluble de la ideología religiosa, el acto político social de la redistribución, el respeto hacia todas las huacas apropiadas y reconocidas en el Cusco— ha sido representado en muchos documentos coloniales como lo hemos mencionado en otra sección de este escrito. Con mucho acierto, Schroedl (2008) escoge de estos autores la magnífica descripción de Cristóbal de Molina, El cusqueño (1959), para reafirmar que la Qhapaqocha se vinculaba directamente a la persona del inca, mediador entre lo humano y lo no humano, o su propia representación en cada ritual, a las principales deidades cusqueñas, regionales y locales. En definitiva, se está remitiendo al universo entero a través de un acto religioso, político y social. Eso nos permite entender que no hubo ni una sola esfera de la realidad que no estuviera presente en la vida del gobierno y de la población andina. Un tema que requiere profundizarse en los estudios arqueológicos de los Andes del Sur es la presencia, quizá conspicua, de líneas de ceque asociadas a conocimientos climáticos vinculados con el calendario económico ceremonial y el ciclo agrícola (véase Earls & Cervantes, 2015), inaugurado en Atacama por Barthel (1986). Recientemente, Moyano y Uribe han realizado un reconocimiento arqueológico al volcán Chiliques (23°34’S / 67°42’W / 5778 msnm) en la provincia de El Loa. Los resultados preliminares permiten sostener a estos dos arqueólogos la existencia de una posible línea ceque proyectada desde el centro ceremonial de Socaire hacia el cerro mencionado. Chiliques habría constituido un «axis mundi» por las siguientes razones: su forma cónica y visibilidad permanente desde otros adoratorios prehispánicos, la existencia de dos lagunas en su cumbre (elemento ctónico), su localización geográfica en el horizonte este y las características naturales del terreno 552

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