sobre la sacralidad de los cerros en las quebradas altas de Atacama tiene bastante más de un milenio de vigencia. Así, se ve confirmado nuevamente uno de los principales supuestos de los autores: la existencia de una continuidad entre las antiguas poblaciones prehistóricas (siglos X-XV d.C.) y las poblaciones originarias de la zona, cuyos primeros testimonios históricos se remontan al siglo XVII (Castro, 1997). En los Andes, el paisaje cobra vida cuando es explicado por sus pobladores originarios. Al recorrer los accidentes naturales, la memoria indígena transforma el territorio natural inerte en un escenario vital, lleno de acontecimientos y significados, en donde funcionan los seres vivos y el hombre como un elemento más del sistema cosmológico. Son siempre las fuerzas sobrenaturales las que modelan el paisaje, le dan sentido, toman posesión de determinados elementos y, desde allí, gobiernan y deciden el destino de la naturaleza, el ser humano y sus circunstancias (Castro, 2002). Ponemos énfasis en la sacralidad de los cerros que existe hoy entre los pueblos originarios que habitan las quebradas altas del área centro-sur andina y, más específicamente, en el sector superior del río Loa, donde los cerros son conocidos con la denominación «mallku», término aimara que 546
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