parientes fallecidos, cuya disposición (por ejemplo, en el actual cementerio de Toconce) guarda cierta relación con la ubicación de los volcanes tutelares que reciben ofrendas y sacrificios durante el ritual fúnebre. El segundo nivel sería el de los «abuelos», «gentiles» o «antiguos» moradores precolombinos de la región, los que son profundamente reverenciados y a los que hacen ofrendas y sacrificios en los lugares en que moraron (clasificados como «abuelares», «gentilares» o «antigüedades»): poblados, silos, corrales, terrazas de cultivo, canales y otros vestigios hoy abandonados, especialmente cuando hacen uso de ellos. Esta reverencia de que son objeto los «gentiles» se basa en su «sabiduría» e «inocencia» (Castro, 1988). El tercer nivel, representativo de la más alta sacralidad, estaría compuesto por las achachilas —combinación de antepasados elevados a niveles míticos y lugares de origen de los linajes— que han adoptado la forma de cerros, volcanes, piedras u otros lugares prominentes y que son denominados mallku. En estas alturas se encuentran «mesas» donde las divinidades viven gozando de una muy buena vida, tomando alcohol y mascando coca (Aldunate, Armesto, Castro & Villagrán, 1981). Un número importante de cerros pareciera personificar ciertas entidades sagradas, de carácter local o regional, que pueden aparecer como a) deidades proveedoras de ganado y dinero, muchas veces vinculadas con las riquezas minerales del interior de los cerros y relacionadas con lagunas y agujeros o manantiales; esta representación de la deidad tiene una cierta carga peligrosa; b) como una deidad relacionada con las labores agrícolas y ligada a los fenómenos atmosféricos —rayo, trueno, etcétera—, con capacidad de fertilizar la tierra; y c) como una deidad protectora de la vida, de la salud o prosperidad de la gente. En el primer caso podrían citarse algunos de los cerros de la hoya del río Loa. El León (5771 m), por ejemplo, llamado «mallku Agua de León» o Puma Orko, es considerado muy rico en ganado, tiene «riquezas de los antiguos» y se lo tiene como «aviador» (proveedor). Este mismo cerro Agua del León o Puma Orko, junto a los cerros Potrero o Toconce, San Pedro, San Pablo y Cupo, «habilita para Chuqui», frase que alude a que estos cerros contribuyen a la gran riqueza del mineral de Chuquicamata. Correspondientemente, los cerros de Cupo y los de Chuquicamata son considerados femeninos, en oposición a los primeramente mencionados que son masculinos; división sexual también presente en Caspana, entre los cerros de Chita y Q’aulor, el primero masculino y el segundo, femenino (Villagrán, Castro & Sánchez, 2001). 540
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx