El imperio inka

En relación con la segunda configuración de los cerros, como entidades vinculadas a las labores agrícolas, la etnografía realizada en las comunidades de Santiago de Río Grande (3380 m) y Socaire (3500 m), ambas en la cuenca del salar de Atacama, revela que con ocasión de la «limpia de acequias», ceremonia destinada a la limpieza de los canales de regadío, en ambas localidades se rinde culto a los cerros (fig. 15.12). En Santiago de Río Grande los «puricamanes», dirigentes de la limpia de canales, con sus ofrendas piden permiso para realizar la limpia a los volcanes de viento y lluvia (entre otros) (Lagos, Mendoza & Ampuero, 1982). En tanto que en Socaire la importancia de los cerros es tal que hay una ceremonia especial para rogarles que den bastante agua. Durante esta se hacen ofrendas a varios cerros, para «concentrar el agua de otras montañas importantes en el cerro Chiliques» (Barthel, 1986, p. 159). Las ofrendas se hacen a dos listas de nombres de cerros, ubicados al norte y sur del pueblo, respectivamente (Barthel, 1986). No obstante, quien domina la narrativa ritual es el cerro Chiliques, en donde se concentra no solo la visual, sino que arquitectura inca cerca de su cumbre. En la última década se han realizado estudios de arqueoastronomía y sobre los ceques entre Socaire, el Chiliques y otros cerros asociados (Moyano & Uribe, 2012), que plantean nuevas interrogantes sobre la extensión de los principios rectores en tiempos del Tawantinsuyu. Hay referencias similares de peticiones a los cerros para las comunidades de Peine y Toconce (Berenguer, Aldunate & Castro, 1984; Castro, 1988; Castro & Varela, 1994). 541

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx