El imperio inka

la importancia que la minería y la metalurgia tuvieron dentro de la sociedad inca y en la política expansiva del Tawantinsuyu. Coincidentemente, la mina de plata de Huantajaya, que fue explotada por los incas, se ubica en el mismo cordón cordillerano, inmediatamente al sur del cerro Esmeralda en el norte de Chile. En la comunidad precordillerana de Cariquima, en esta misma región, aún se venera a los cerros sagrados por su generosidad y, entre ellos, al cerro de Huantajaya, al que se caracteriza por su riqueza (Checura, 1977, p. 140). En todo caso, el concepto de riqueza otorgado a algunos de los cerros entre los pueblos originarios de hoy es bastante amplio y puede, sin duda, incluir a los minerales. Ello no excluye la posibilidad de que este cordón cordillerano, que contiene a ambos cerros, no haya representado y represente a Pachamama como generadora de vida y bienestar, y a las nociones de oposición y complementariedad entre Pachamama y Mamaqocha, así como los conceptos de mallku tata y mallku talla (lo femenino y lo masculino) (Castro & Varela, 1992, 1994). Al consultar a los lugareños por qué veneran a un cerro que está tan lejos de su propio sector, contestan simplemente «por su riqueza» y agregan la leyenda de que antes el cerro Huantajaya estaba junto a los otros, pero cuando pelearon el Isluga, Tata Sabaya, Tatajachura y otros, expulsaron al Huantajaya, que vino a dar a la costa. El cerro Esmeralda y el Huantajaya están muy cerca y en un mismo cordón cordillerano, siendo fácilmente confundibles como un solo cerro con varias cumbres, entre las que destaca como la más alta la del cerro Esmeralda (Checura, 1977, p. 140). Lo que hizo la estrategia de poder del Tawantinsuyu fue resaltar connotaciones políticas, sociales y étnicas con la sacralización de ciertas cumbres. En este sentido, nos permitimos sugerir que la línea de cumbres sagradas analizada por Bouysse Cassagne, considerando la información de Albornoz, tiene sus pares también en algunas elevaciones de la costa, de las que, por ahora, solo conocemos este caso. LA TRADICIÓN ANDINA DEL CULTO A LOS CERROS El lugar gravitante que ocuparon los cerros en la cosmovisión de los incas y los pueblos del Tawantinsuyu ha quedado establecido a través de muchos escritos de los siglos XVI y XVII. Obras como Dioses y Hombres de Huarochirí, anónimo recogido a fines del siglo XVI por el padre Francisco de Avila (1966) y Extirpación de la Idolatría del Perú, de Pablo José de Arriaga, escrita a comienzos del siglo XVII (1978, así como las 538

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