Finalmente, resulta crucial considerar que el universo de las fuentes documentales sigue creciendo por la búsqueda en archivos de testimonios inéditos, complementarios a las crónicas publicadas (por ejemplo, Espinoza Soriano, 2003). En este ensayo las citas de cada trabajo remiten a una edición en idioma original, con preferencia por ediciones fáciles de encontrar. Muchas fuentes han sido traducidas. Donde exista una traducción competente al inglés ésta también es citada. Recursos adicionales para la lectura de fuentes primarias pueden encontrarse en la plataforma digital Manual de Estudios Latinoamericanos (Handbook of Latin American Studies)2 y en otras páginas de internet. NARRATIVA MARÍTIMA Y MILITAR El ataque de los hermanos Pizarro al rey-dios Atahualpa en 1532, así como las caóticas secuelas, dieron pie a una conversación tan larga como las vidas de los «hombres de Cajamarca» (Lockhart, 1972), conversación que tienen como tema al Perú como épica de armas. Los invasores tendían a observar a los incas a través de la engañosa simetría de la enemistad, o a través de comparaciones con la «reconquista» de España. Sin embargo, los soldados invasores fueron quienes tuvieron la oportunidad de ver a los incas preeuropeos de cerca en auténticas situaciones de primer contacto. Al comienzo, los gestos de violencia generaron un drama bajo condiciones de mala comunicación. Las impresiones de los combatientes eran rudimentarias, con atisbos de sorpresa etnográfica. Ex post facto los momentos de conflicto inicial fueron ideologizados bajo el concepto de epopeya providencial. Muchos de los militares tempranos sintieron necesidad de justificarse ante las críticas proindígenas del cura dominico Bartolomé de las Casas y de sus seguidores, polémica que llegaba a su apogeo en los años posteriores a la invasión pizarrina. Las memorias individuales a veces responden a los intereses de los viejos combatientes en refutar las acusaciones de atrocidades o deslealtad hacia la corona durante las guerras entre conquistadores y «pacificadores» reales. Los aspirantes a pensiones y títulos a veces se muestran más preocupados por estos factores que por la veracidad etnográfica. A pesar de que estas motivaciones posteriores se mezclaron rápidamente con sus percepciones iniciales, los soldados que irrumpieron en el Tahuantinsuyo escribieron algunos testimonios sorprendentemente frescos. Antes de que los españoles hubiesen siquiera tocado el suelo del 52
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