El imperio inka

variante de la lingua franca indígena diseñada específicamente para la enseñanza del catolicismo, también arroja nuevas luces sobre cómo las palabras andinas comenzaron a tener significados europeos (Durston, 2007). El español, siendo lengua minoritaria hasta bien entrada la colonia, también fue modificado, ya que necesitaba nuevos recursos para referirse a las realidades del mundo indígena postincaico. Se adaptó adquiriendo una jerga hispano-quechua colonial. Si pudiéramos escuchar el idioma en que los cronistas y demás españoles andinos hablaban, quizá sonaría un poco como el inglés colonial influenciado por el hindi que recogió ese extraño clásico lexicográfico escrito durante el Raj británico, Hobson-Jobson (Yule & Bernell [1903] 1995), —a la vez enriquecido y alterado por el uso colonial de la lengua nativa—. Este capítulo se refiere a un legado escrito creado por personas que hablaban de esta manera. Detalla solo las fuentes primarias más relevantes, sin comentar la impresionante bibliografía de comentarios y síntesis que existen en torno a estas. Los intentos iniciales de establecer una pauta de las fuentes primarias de los incas (Means, 1973 [1928]) tendían a ordenar a los autores según criterios simplistas tales como sus posturas políticamente pro- o anti- incas. Aunque estos guías no contaban con muchas de las fuentes que tenemos hoy en día, y aunque tenían prejuicios contra los testigos indígenas, todavía vale la pena revisarlos debido al amplio conocimiento que sus autores tenían del contexto político y eclesiástico de España y América (Gómez Canedo, 1961; Porras, 1962; Vargas Ugarte, 1952). Hacia fines del siglo XX, una corriente más sofisticada comenzó a ver las «crónicas» no como un material en crudo que debería ser ordenado y clasificado en categorías cualitativas, sino como voces dentro de una conversación social mayor: discursos del renacimiento y del barroco en el contexto de la América indígena (Araníbar, 1963; Pease, 1988; Rowe, 1965; Bravo Guerreira & González Pujana, 1992). Las mentalidades de los cronistas al explicar la religión, políticas y economía incas son en sí mismos temas fértiles de investigación para los historiadores intelectuales (Thurner, 2011; MacCormack, 1991; Villarías Robles, 1998). En 2016 se publicó el compendio historiográfico Fuentes documentales para los estudios andinos, 1530-1900 en tres volúmenes, editado por Joanne Pillsbury (con contribución de Catherine Julien, Kenneth J. Andrien y Eric Deeds). Esta obra detalla las principales fuentes andinas y sus ediciones, y contiene importantes comentarios escritos por una 50

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx