El imperio inka

constante renovación del mundo que, a su vez, necesita la intervención permanente de toda la sociedad. Como el propio inca vivo, su sociedad depende de la buena voluntad de sus ancestros y los dioses, que lo incluyen a sí mismo después de su muerte y a los dioses en ciclos constantes de muerte y regeneración. Estas intervenciones aparentemente incluyen la victoria militar sobre la oscuridad, como se ejemplifica en las batallas rituales representadas durante el purucaya. Estas también replican uno de los principales roles de la vida del inca (ver arriba). ANCESTROS, AGUA Y PAISAJE Las interpretaciones previas basadas en textos revelan la lógica relacionada con los conceptos incaicos de la vida, la muerte y la ancestralidad, la que debería ser analizada según elementos o contextos materiales. Aunque, como se ha demostrado, estos son frecuentemente mencionados, muchos han desaparecido y quizá sea recomendable no buscarlos, como es el caso de las momias inca (ver Pringle, 2011, p. 58, con la improbable reconstrucción basada en los dibujos de Poma de Ayala, iba:46-47, para información general ver Bauer & Coello, 2007; Hampe, 2003). Como se demostró, estas materializaciones portátiles y sus agentes se movían cíclicamente entre lugares especiales en circuitos fijos en una red ritual que estaba centrada en Cuzco y se extendía hacia un complejo paisaje mayor alrededor de este centro («lugares frecuentados por el inca», ver más arriba). En el caso incaico, el término «paisaje» adquiere el sentido casi literal de «taller del mundo» (ver título de Guchte, 1990), particularmente atractivo para los observadores modernos gracias a su atractivo estético (ver también los capítulos 10 y 12 por Cummins, y Nair y Protzen, respectivamente). Pero este paisaje no es una construcción atemporal, sino la suma agregada de lugares de memoria y caminos como monumentos para y reconstruidos por los ancestros, quienes estaban incluso presentes en ellos. Según fuentes tempranas, sin embargo, los ancestros no eran seres míticos, sino gobernantes concretos que intentaron sobrepasar a sus predecesores con construcciones cada vez más impresionantes, buscando así crear su propia memoria, incluso con la adopción de sus propios estilos arquitectónicos (ver Niles, 1999; ver capítulo 13 por Niles). Si bien los cuerpos de los incas se han perdido, sus lugares de memoria todavía existen en cierta forma. Aunque mucha de la capital inca ha sido destruida o cubierta por edificios coloniales o modernos, el centro 493

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