El imperio inka

botines, y objetos antiguos (Gonzáles Holguín, 1952, pp. 366:367). Albornoz (1989, pp. 167-168) ofrece significados adicionales como los antiguos señores momificados y gemelos que fueron sacrificados a los dioses y truenos/relámpagos, pues eran considerados sus descendientes. Hoy en día, los pastores andinos de las alturas andinas utilizan figurinas de piedra de llamas, alpacas u ovejas llamadas illa, mientras que enqachu son las mencionadas piedras bezoar encontradas en el estómago de camélidos silvestres y domésticos, y que son guardadas en los bultos. Según Flores Ochoa, enqa es el principio generador vital, el origen de la felicidad y la abundancia, pero también del bienestar general. Las illas representan a los animales más fuertes, a menudo con cuernos dobles en el caso de las ovejas, entre otras (Flores Ochoa, 1976; ver Allen, 1998, p. 24). Este complejo campo semántico está probablemente centrado en el concepto de la luz (sol durante el día, rayos durante la noche) como un poder vivificador y una forma de energía muy especial. Los rituales relacionados con la regeneración del Sol establecen un paralelo con el ritual de la muerte del inca (ver los mencionados fardos del dios solar en el Coricancha). El Sol se sumerge en el mar para renacer la mañana siguiente, trayendo el agua subterránea al mundo. El inca muerto y sus ancestros aparentemente lo acompañan en su viaje y renacen también, como el ídolo dorado en el Templo del Sol descrito como un niño, pero también como una imagen del inca. La producción del agua, en este sentido, es una preocupación importante, como demuestra el ritual descrito por Estete (1924[1535], p. 55), quien menciona que inmensas cantidades de chicha son consumidas sin comida sólida, lo que origina grandes cantidades de orina que corrían todo el tiempo por canales subterráneos por los que corrían como si fueran manantiales. Esta abundancia de citas ayuda a aclarar la naturaleza de la ancestralidad. El soberano inca vivo necesita constantemente la ayuda del Sol y de sus ancestros, pese a que su supremacía es básicamente incuestionable. Las crisis vitales, sin embargo, exigían la renovación de su energía por medio de sacrificios relacionados con líquidos, fuego y la vida misma, en forma de niños pequeños todavía llenos de energía vital. Estos líquidos son ofrecidos en una forma socializada, en una especie de «agua cultural», ya sea chicha, sangre, orina o, tal vez, semen humano. Esta energía vital aparentemente es percibida como una suerte de luz trascendental. Pero parece que este poder universal como principal fuente de bienestar social y de la continuación del orden mundial es solo posible a través de la 492

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