fallecido, como su ropa, adornos y armas, y visitan todos los lugares que el inca solía frecuentar durante todo el día y toda la noche por un periodo de quince días cuando también les hablan a sus pertenencias. Los nobles más importantes se dirigen a él en el cielo, pidiendo su intervención para terminar con las enfermedades y por buen clima y cosechas. Al término de estos rituales introductorios, comienza la fiesta en la plaza central del Cuzco, donde danzantes espectacularmente vestidos representan una batalla. Interrumpida por el luto, se actúa una batalla ritual entre los grupos de Hanan y Hurin Cuzco (mitades «superiores» e «inferiores» o complementarias, divisiones sociales duales), en la que vencen los señores danzantes y mujeres vestidas como guerreros señalan el fin de este ciclo ritual, después del cual todos se cambian a su ropa «normal» y queman sus vestidos de luto. Inmensas cantidades de camélidos, algunos vestidos (como los napa), son quemados, otros estrangulados y distribuidos al pueblo, y otros más quemados en los lugares que el inca solía frecuentar. Betanzos menciona un total de cinco mil animales sacrificados además de un sacrificio masivo de mil niños (capacocha) (ver Kaulicke, 1998, pp. 148-151). En el caso del tratamiento funeral de Pachacútec, los siguientes pasos también son especificados. Su cuerpo vestido es enterrado en una gran vasija de cerámica en Patallacta en el valle del Urubamba, al noroeste de Cuzco. Sobre la tumba se coloca una imagen dorada supuestamente hecha a imagen y semejanza suya, que será venerada. Una imagen similar también se encontraba en el Templo del Sol. Un paquete que contiene su pelo y uñas es luego transportado al Cuzco en una litera. Los miembros del linaje de Pachacútec tienen derecho al servicio permanente del fardo y a cantar canciones conmemorativas (Kaulicke, 1998, p. 152). Habiendo cumplido con esto, el fardo pasa a formar parte del grupo de otros ancestros que estaban presentes en todos los rituales y batallas, y residían en sus palacios y recibían constantes servicios. Antes de comentar esta secuencia, deberíamos preguntar qué pasó en el año entre la muerte y la celebración del purucaya. Si bien no se sabe mucho sobre este periodo, Cieza (1985, p. 92) menciona que el fallecido es convertido en un santo o divinidad a través de un proceso llamado «ylla», que significa «cuerpo del que fue bueno en vida» (lo que probablemente significaba que llevó una vida ejemplar) o «en otro entendimiento yllapa significa trueno o relámpago». El complejo término «illa» también sirve para referirse a piedras especiales (bezoar), tesoros, hombres valientes, 491
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