El imperio inka

Kaulicke, 2008, pp. 394-395). Otras imágenes son sustitutos corpóreos subsumidos en lo que Betanzos y otros escritores coloniales llaman «bultos». Este término tiene varias connotaciones y expresiones materiales: imágenes de piedra, oro, cuerpos humanos (momias), bultos que contienen uñas, pelo e incluso animales vivos o sus imágenes, así como objetos simbólicos como el suntur paucar (una vara con plumas multicolores y un círculo de plumas multicolores y otro de plumas más largas en uno de sus extremos) (Kaulicke, 2000, pp. 35-39; Molina, 1989, p. 102). El término «bulto» deriva del latín vultus o «cara» o, más específicamente «expresión facial», refiriéndose a las imágenes de las cabezas de los santos y definitivamente no es sinónimo del fardo de momia, como se suele constatar en la literatura moderna (Kaulicke, 2000, p. 36). Estas representaciones son más bien materializaciones del alter ego que representa al inca en un fardo que contiene su pelo, uñas o como napa, una alpaca elaboradamente vestida (ver Kaulicke, 1998, fn. 17). En quechua reciben en el nombre de huanque o «hermano», definido como «estatua del inca venerada en las fiestas y sacrificios» (Polo de Ondegardo, 1917[1571], p. 8) o «ídolo o demonio que cada inca adoptó como compañía dándole consejo y oráculo» (Sarmiento de Gamboa, 1965[1572], p. 220). Cobo (1964[1653], pp. 162-164) es más explícito, pues lo define como: su estatua que representase su misma persona, y con cierta solemnidad y ceremonias la tomaba por su hermano… esta la hacía unos mayor, otros menor, y otros al propio de su tamaño y semejanza; unas eran labradas de oro, otras de plata, de palo, piedra o de otra materia… Estos ídolos tenidos en gran veneración mientras vivían los señores que representaban y después de muertos se guardaban con sus cuerpos. Hasta el dios Sol en el templo principal, el Coricancha, en el Cuzco, era representado en la forma de «bultos», aparentemente como fardos textiles con cabezas falsas, adornadas con el mascapaicha, llamados Apu-Inti, Churi-Inti y Inti Guaqui (Cobo (1964[1653], pp. 157-158, ver Kaulicke, 1998, pp. 156-157). Apu, «abuelo» y Churi, «hijo», evidentemente son términos de parentesco. Por tanto, estas manifestaciones materiales esconden significados diversos que van desde conexiones sociales «reales» hasta aquellas que se dan entre los vivos y el dios capaz de envejecer como los vivos, o entre los vivos y los muertos. Estas se llevaban en procesiones en y alrededor del 489

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