El imperio inka

corto). La segunda ceremonia de su ciclo vital es la transmisión de poder del viejo al nuevo inca, simbolizado en la transmisión de una vincha especial llamada mascapaicha (agregada a la perforación de orejas previa para el uso de orejeras). Esta compleja secuencia ritual también termina con un nuevo nombre. Otra ceremonia relacionada es el matrimonio con su esposa principal, llamada coya en quechua. Comienza con su encierro en una habitación oscura junto a su novia y a su suegra para un periodo de diez días de purificación. Durante este periodo, sacrificios de animales y humanos (capacocha) lo ayudan a superar esta peligrosa situación liminal. Después de estos diez días, siguen otros tres meses de fiestas con sacrificios al dios Sol y a los ancestros y entrega de diversos regalos. Finalmente, la muerte del inca es también motivo de complejos ritos que siguen la misma lógica: encierro, purificación, sacrificios en la oscuridad seguidos de rituales públicos, esta vez después de un año (ver abajo). Por tanto, esta secuencia representa por lo tanto ciclos de identidades cambiantes que se expresan en distintos nombres y cambios en la apariencia, especialmente en la cabeza. Estos cambios de identidad son potencialmente peligrosos y demandan intimidad, mientras que el resultado exitoso es legitimado por la población de Cuzco, los dioses y los ancestros o, en cierta forma, el cosmos entero. Algunas tareas cruciales en las que el inca tiene que destacar comienzan incluso antes de que asuma el poder, mientras que las otras suceden durante su reinado. Estas tareas consisten en el rol del inca como guerrero, cazador, constructor y renovador del culto. En otras palabras, adquiere dimensiones cósmicas al crear un mundo como el edificador de ciudades, templos y obras hidráulicas, entre otras, y defendiéndolas de sus enemigos como guerrero y cazador, así como recreando el mundo. En todas estas tareas es asistido por el dios Sol (Inti), por otras divinidades y por las imágenes de sus ancestros, otra prueba evidente de la exaltada esfera de sus acciones (para más detalles ver Kaulicke, 1998, 2000). Si bien estos cambios y roles prescritos afectan el cuerpo personal y la identidad, existen otras representaciones materiales en el sentido de alter ego o identidades múltiples que resaltan la importancia universal del inca como rey viviente y (como veremos más tarde) ancestro. Su relevancia universal también es manifestada en su disfraz de dios local durante sus visitas a otros pueblos de su reino, donde es venerado con sacrificios y suntuosos regalos de diferentes tipos, como finas ropas, mujeres y camélidos que luego él distribuye (Betanzos, 1987, pp. 185-186, ver 488

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