faraón y el dios Sol representa roles prescritos para el inca, que se tratarán más adelante, y en su conversión en un dios después de la muerte y su posterior veneración. Se trata de una ciclicidad basada en la lógica de la repetición de las renovaciones del mundo, cuya regularidad produce seguridad y bienestar social (ver Kaulicke, 2000, pp. 46-48; Hornung, 1982). A continuación, los tres temas del título de este capítulo serán tratados como a) los cuerpos de los incas en tiempo y espacio, b) su preparación para la eternidad y c) el inca en la memoria materializada. La segunda parte presenta un caso de estudio en el que los resultados de estos análisis son contrastados con la evidencia materializada puesta en contexto, en Pisac en el valle del Urubamba, cerca de Cuzco. LOS CUERPOS DEL INCA Hasta la lectura más superficial del texto de Betanzos deja en claro que el Cuzco no era solo la capital del imperio, sino también su centro social y ceremonial, un microcosmos con el inca como cabeza suprema de su sociedad, el Sapa Inca o Capac Inca, quien, según la traducción de Betanzos «mayor no lo hay ni puede haber» (Betanzos, 1987, p. 7). Es visto como una especie de axis mundi de este microcosmos y tiene, por ello, suma importancia para su sociedad, aunque esta está restringida a un círculo de personas con las que lo une un vínculo de parentesco o con cabezas de otros linajes incaicos del Cuzco que se mantenían en constante contacto con él. La «historia», en el sentido de un vínculo entre el pasado, el presente y el futuro, solo es posible a través suyo y de sus diferentes roles y manifestaciones, así como su limitado círculo de parientes, nobles y los integrantes de la población a su servicio. Esta relevancia global se expresa en a) rituales de su ciclo de vida (nacimiento, ascensión al trono, matrimonio y muerte), b) en sus tareas prescritas y c) en la multiplicidad de imágenes relacionadas con su persona. Los rituales del ciclo vital se iniciaban con su nacimiento, en un ambiente estrictamente privado en el que la madre y el recién nacido son encerrados en la oscuridad durante cuatro días, seguido por diez días de celebración. Después de un año, su pelo era cortado por el inca reinante en una ceremonia pública en la Gran Plaza, el centro de Cuzco. El aspecto más importante de esta ceremonia es el otorgamiento de un nombre, su primer estado de identidad asociado a un cambio corporal (pelo más 487
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