españoles— y dispuesto a compartirla con el quien la convierte en texto. Como los españoles estaban principalmente interesados en la cultura de las élites y en sus representantes más importantes, los informantes deberían haber pertenecido o tenido acceso directo a este privilegiado segmento social de la cultura inca. La mayoría de escritores del siglo XVI no cumplen con estas condiciones, aunque hay uno que parece encajar mejor que los demás: Juan de Betanzos (1519-1576, sobre su vida, carrera y obras ver Domínguez Faura, 1992, 1998, 2008; también ver capítulo por Salomon). Su dominio del quechua era tan bueno que sirvió como intérprete oficial; además, estaba casado con una de las hijas de Huayna Cápac, lo que debe haberle permitido ganar acceso a sus parientes nobles. En el prólogo de su obra principal, Suma y Narración de los Incas, probablemente finalizada en 1551 (Betanzos, 1880 [1551a], 1924[1551b], 1987 [1551c], 1996 [1551d]), manifiesta de manera contundente que su trabajo está basado en los informantes más ancianos, por lo que define su tarea como la de un traductor «neutral» de sus historias (Betanzos, 1987, p. 7), distanciándose de otros relatos menos confiables de su época, basados en informantes «dudosos» y en el acceso indirecto de los compiladores al idioma a través de traductores. El español de Betanzos, de hecho, es bastante extraño (ver Porras, 1986, p. 310), pero emplea diversas características de estilo quechua (Dedenbach, 1994, pp. 168-169), por lo que su afirmación sobre las traducciones directas podría estar justificada en cierta medida. Aun así, que estos informantes quechuas permanezcan anónimos y que Betanzos haya hecho una edición basada en distintas narrativas introduce factores que podrían distorsionar el mensaje original. Aunque muchas partes de estas narrativas se conocen por otras fuentes escritas de la época, particularmente la segunda mitad de la Crónica del Perú de Cieza (Cieza, 1985[1551]) quizá se explique por haber utilizado a algunos de los mismos informantes, mucho de lo que dice es original. De hecho, toda la estructura y lógica expuesta en la obra de Betanzos nos permite enfrentarnos a las cuestiones ontológicas que figuran en el título de esta contribución en vez de intentar compilar referencias dispersas de otras fuentes o concentrarnos en detalladas preguntas filológicas e históricas. Se trata de una narrativa ritualizada enfocada en los incas a modo de lo que un egiptólogo llamó Geschicte als Fest (historia como fiesta) (Hornung, 1966) al referirse al sentido de la historia en el antiguo Egipto. Estos paralelos son llamativos en más de una forma: en la manera en que el supuesto parentesco del 486
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