El imperio inka

Es probable que el sitio que conocemos como Machu Picchu fuese el complejo del palacio principal de la finca y que esta en sí tuviera una población permanente relativamente pequeña. Sus habitantes probablemente se mantenían gracias a los cultivos que sembraban en las terrazas en el cercano valle de Cusichaca, con el que conectaban con un camino (ver Fejos, 1944; Kendall, 1970) o quizá dependieron más bien de cultivos producidos en las fértiles terrazas de Ollantaytambo (a cerca de 75 kilómetros a pie de distancia), complejo al que estuvieron conectados administrativamente durante el siglo XVI (Rowe, 1990, p. 153). Los documentos sobre la finca de Huayna Cápac en Yucay evidencian que entre los residentes que la mantenían se encontraban algunos incas étnicos encargados de supervisar el trabajo, además de personas procedentes de regiones que habían sido reubicadas como trabajadores y un grupo de personas locales a las que se les permitió permanecer en sus tierras tradicionales (ver Villanueva Urteaga, 1970; Niles, 1999; Covey & Amado, 2008). En Machu Picchu, el análisis de restos óseos sugiere que los siervos allí enterrados pertenecían a grupos étnicos no incaicos, particularmente de regiones cerca al lago Titicaca y de la región de la costa norte y centro del Perú (Salazar, 2004, p. 45; Verano, 2003; Burger, LeeThorp & van der Merwe, 2003; Shinoda y otros, 2006), lo que se confirmaría por la presencia de algunos artefactos de estilo provinciano (inventariados en Burger & Salazar, 2004, pp. 125-217). Las historias de los incas sobre sus orígenes míticos hablaban de su grandeza tecnológica, algo que les otorgaba una ventaja sobre las demás personas que encontraron durante su legendaria búsqueda del lugar de fundación de su ciudad (ver, por ejemplo, los mitos originarios por Sarmiento de Gamboa, 2007[1572]; Cobo, 1979[1653]; Betanzos, 1996[1551-1557]). En sus obras exhiben una capacidad impresionante para controlar su mundo y, por implicancia, a otras personas. Estudios de Machu Picchu muestran que la aparentemente plana sección de tierra sobre la que está construido fue en realidad creada intencionalmente (Wright & Valencia Zegarra, 2000). Las terrazas que suben por las laderas de la empinada pendiente —como se ve, por ejemplo, en la figura 13.9— fueron también el producto de cuidadosa planificación y construcción. Aunque solo las excavaciones podrán evidenciar cómo es que esta construcción revela una comprensión de los requerimientos de drenaje que esta implicaba (Wright & Valencia Zegarra, 2000); una mirada superficial a las 476

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