niveló los cerros e hizo así los valles planos para que pudieran ser sembrados (Betanzos, 1996[1551-1557], Parte II, Cap. XVLIII, p. 170; ver fig. 13.4). Sus acciones son prácticas, pero, además, imitan el trabajo de su famoso abuelo, Pachacútec, quien celebró una importante victoria militar drenando el pantano lleno de juncos de la ciudad inca original, recanalizando los arroyos y ríos para construir Cuzco, y extendiendo la canalización y la construcción de las terrazas por el valle para crear tierras agrícolas (Betanzos, 1996[1551-1557], Parte I, Cap. XVI, pp. 53-55, Cap. XVI; 1996, p. 70; y ver Sarmiento de Gamboa, 2007[1572], Cap. 30, p. 115 y Cap. 32; 2007, pp. 119-121). Si bien se trataba fundamentalmente de esfuerzos privados y no estatales, la creación de las fincas sí cumplía una función estratégicamente. Especialmente en los primeros años de la expansión incaica, lo más probable es que las fincas personales fueran construidas para marcar la conquista de grupos étnicos específicos (Rowe, 1990). La creación de fincas, además, estaba relacionada con la consolidación del imperio. Por ejemplo, la construcción de la finca de Pachacútec, en Ollantaytambo, 468
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