A diferencia del éxito que tuvieron en la costa y la sierra, los incas tuvieron dificultad para penetrar y controlar las zonas de denso follaje en la selva (ver capítulos 17 y 21 de Pärsinnen y Schjellerup, respectivamente). Esta zona, al este de los picos montañosos de los Andes, fue testigo de muchas incursiones de los incas, pero de pocas victorias militares. Aun así, los incas estuvieron influenciados por su contacto con esta región e incorporaron aspectos de las prácticas materiales y culturales de las exuberantes selvas. Para construir su imperio, los incas desarrollaron un complejo entorno artificial que les permitió desplazarse con habilidad entre terrenos y climas diversos y territorios hostiles, estableciendo una particular presencia visual y material que les permitió colonizar y mantener la ocupación de nuevos territorios. Para hacerlo, desarrollaron un lenguaje arquitectónico que podía leerse como específicamente incaico, mientras que simultáneamente lo adaptaron (en términos de diseño, construcción y materiales) a contextos locales específicos. INFRAESTRUCTURA Red de carreteras Para superar la diversidad y dificultad de los terrenos en su misión por conquistar y dominar nuevos territorios, los incas crearon una infraestructura que les permitió moverse rápida y efectivamente a través de las distintas regiones. Desarrollaron una extensa red de carreteras para movilizar tropas, alimentos y bienes cruciales (ver capítulo 6 de Covey). Este sistema de carreteras consistía de dos caminos principales: uno que recorría la espina de la cordillera de los Andes y otra que iba a lo largo de la costa del Pacífico. Estos dos estaban conectados por numerosas carreteras transversales que brindaban acceso a todas las áreas cruciales del imperio. El movimiento en este sistema de carreteras estaba restringido a los negocios estatales y las personas comunes no podían utilizarlo a menos que el gobierno se los ordenara. Los incas construyeron caminos para permitir los movimientos de sus ejércitos, llamas y corredores de relevo, o chasquis, responsables de transmitir mensajes a través del imperio. El ancho de las carreteras variaba según el terreno y la importancia del camino. La carretera principal de Cuzco a Quito, también conocida como Qapac Ñan, tenía en algunas zonas 16 metros de ancho, mientras que otros caminos tenían entre 2 y 10 423
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