El imperio inka

de altura y selvas tropicales bajas. De oeste a este, las ocho regiones son la costa o Chala (90-50 msnm), la Yunga (500-2300 msnm), la Quechua (2300-3500 msnm), la Suni (3500-4000 msnm), la punta o Jalca (40004800 msnm), la cordillera o Janca (4800-6768 msnm), la selva alta o Rupa (40-1000 msnm) y la selva baja u Omagua (83-400 msnm) en la cuenca del Amazonas (Pulgar Vidal, 1972) (fig. 12.1). Cada zona tiene su propia topografía, clima, fauna, flora y productos agrícolas. Por ende, para domar este diverso paisaje, el inca debía desarrollar una práctica arquitectónica que se adaptara a estas regiones y climas. El Imperio inca comenzó en los Andes centrales, en lo que hoy se conoce como el valle del Cuzco, una región que abarca las zonas Quechua y Suni. Como habitantes de altura, los incas estaban acostumbrados al paisaje dramático y montañoso de las cumbres glaciares y los profundos valles de los ríos que caracterizan la región. Desde este cobijado valle, los incas se expandieron por toda la cordillera andina, además de penetrar y capturar todas las regiones costeras adyacentes. Las regiones andinas septentrionales a lo largo de la costa del Pacífico son exuberantes. A medida que uno se mueve hacia el sur, sin embargo, la mayoría de las tierras costeras se vuelven notablemente más secas. Los incas, de hecho, conquistaron el desierto más seco del mundo, la región que se ubica en lo que hoy es el norte de Chile. Mientras que una gran porción de la zona central y sur de la costa es inhabitable, números valles fértiles de ríos formados por el derretimiento de los glaciares atraviesan el reseco paisaje. La región costera es, en este sentido, un ambiente de extremos. 422

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx