—las que no habían sido verdaderamente comprendidas en cuanto ambas están compuestas con telas rectangulares—. Es especialmente aquí que los descubrimientos en entierros realizados a gran altura, donde los conjuntos de vestir se conservaron y permanecieron intactos, resultan especialmente importantes68. El estudio de estos materiales nos enseña mucho sobre las prendas individuales, incluyendo cómo identificar su función, cómo se utilizaban y con qué, además de qué, constituye un atuendo completo y sus componentes. Es posible deducir esta información de la examinación de los atuendos de las jóvenes mujeres sacrificadas y de sus semejanzas en miniatura, las figurinas vestidas que se descubrieron con ellas. En el caso de las prendas femeninas, estas incluyen el uso de un vestido, que se envuelve alrededor del cuerpo y se sujeta en los hombros con dos grandes prendedores (usualmente de plata o cobre) y con un cinturón en la cintura (ver Vetter Parodi y Carcedo de Mufarech 2009 sobre la naturaleza simbólica de los tupus femeninos). Sobre el vestido llevan un manto, una prenda rectangular que se envuelve alrededor de los hombros y se abrocha sobre el pecho. Parece haber dos tamaños – una prenda más pequeña para los hombros y otra tela mucho más grande que suele doblarse por la mitad antes de envolverla y ajustarla. Los detalles más importantes que podemos observar en los atuendos de las miniaturas incluyen la cinta decorativa que une los dos prendedores del vestido, que prácticamente no se ha conservado hasta hoy. Se trata de un complejo e intrincado trenzado con pendientes de spondylus que se envolvía alrededor del alfiler de los prendedores, asegurándolos en su lugar y conectándolos entre sí (ver Figura 11.6, figura Túcume con cinta para el cuello al frente). Esta es una característica importante, ya que los prendedores más grandes, usualmente un alfiler largo con una gran cabeza redonda tipo disco, se utilizan con la pesada cabeza hacia abajo, por lo que la cuerda habría evitado que se deslicen fuera de su posición. Además, se descubrió un tocado de plumas (a veces rojas, a veces blancas) que se utilizaba con el atuendo, tanto en las miniaturas como en las figuras humanas. Antes de estos descubrimientos en las zonas más elevadas de la sierra, nuestro conocimiento sobre las prendas femeninas de los Incas y sobre el rol que cumplían en su vida ritual provenía principalmente de la examinación de textiles preservados en el sitio de Pachacamac. Este gran centro de peregrinaje en el valle de Lurín, al sur de Lima, contenía el complejo de edificios que albergaban a las aclla, las mujeres enclaustradas 398
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