El imperio inka

según su mitología, al lago Titicaca como un lugar sagrado y como el lugar de origen de su dios Huiracocha, como se logró registrar después de la Conquista (Betanzos, 1996). No está claro si los incas tuvieron o no la oportunidad de ver o acceder a textiles de épocas anteriores, aunque algunos de los tejedores inca más sofisticados —los cumbicamayos—, los maestros tejedores incaicos, estaban ubicados en talleres en Capachica y Milliraya a orillas del lago Titicaca, área asociada con la cultura Tiahuanaco (Phipps, 2004b, pp. 24-25; Spurling, 1991; fig. 86; después Phipps, 2004b, fig. 25, p. 25). También se trata de la zona de pastoreo de las más finas alpacas, vicuñas y guanacos, cuya lana similar a la seda fue utilizada para los tejidos más finos de ambas culturas (ver Phipps, 2004b). Altamente apreciados a lo largo del imperio por sus funciones sociales, políticas y religiosas (Murra, 1962), los textiles y su producción incorporaron todos los aspectos de la vida y trabajo andinos. Esto incluyó el cuidado de animales y las prácticas agrícolas vinculadas con la reproducción y crianza animales; el cultivo de las plantas que utilizaron como materia prima; el hilado y preparación de dichas materias primas para crear los millones de lanas que se utilizaron para tejer; el cultivo y recolección de plantas, flores, raíces y otras fuentes utilizadas para hacer tintes y colorantes; el tejido y acabado de las telas; y el diseño y costura de estas para generar prendas (Gayton, 1961). La producción de textiles por la mayoría de miembros del Imperio incaico constituyó una de las principales actividades de su gobierno y sociedad. Mientras que la producción doméstica creaba los textiles necesarios para la vida diaria, incluyendo prendas, mantas, bolsos y cuerdas, los talleres reales de los tejedores incaicos se establecieron en lugares de todo el imperio para producir los finos textiles utilizados por la realeza, el ejército real y los funcionarios religiosos (Murra, 1962; Rowe, 1979). A través de un sistema de selección, las mujeres eran «escogidas» desde temprana edad para hilar y tejer para el rey inca, asentándose en lugares especiales que sirvieron como centros de producción. Conocidas como acllas, su vida estaba completamente dedicada la producción de lanas y textiles de la más alta calidad, así como a la fabricación de chicha, la bebida alcohólica utilizada en todas las ocasiones rituales. Mucha de nuestra información sobre las acllas proviene de los cronistas coloniales, especialmente de Guamán Poma de Ayala, quien describe el sistema de clasificación por edad y las tareas asociadas con estos grupos, como la recolección de flores para el teñido que realizaban las niñas; el hilado de la lana por las 389

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