interesantes elementos culturales más sutiles que requieren mayores estudios. Puede ser que las tradiciones locales de tejido hayan sido adaptadas y transformadas en la iconografía de las élites incaicas, dejando atrás sus humiles orígenes, aunque tal vez manteniendo su importancia y reconocimiento regional en cuanto referencian a grupos sociales, ayllus o localidades específicas. Si bien el tejido con cara de urdimbre y patrones de urdimbre prevaleció en la región (y continúa hasta el día de hoy en las comunidades quechuas y aimaras andinas), la elección de crear prendas tejidas en tapicería para la administración incaica se basa en el precedente de varias culturas altamente desarrolladas que habitaron los Andes del Sur y compartieron programas iconográficos y técnicas de tejido para crear textiles extraordinarios. Esto es especialmente cierto para los Huari y los Tiahuanaco (400-1000 d.C.), con quienes los incas afirmaban compartir orígenes ancestrales, especialmente con las culturas de la zona del lago Titicaca64 (ver capítulos por Cerrón-Palomino y Shinoda). Si bien los incas produjeron sus textiles cientos de años después, las túnicas huari de tejidos en tapicería de colores brillantes y diseños complejos pueden haber servido como una suerte de modelo para los tejedores incaicos, por lo menos, si no en el programa iconográfico, sí en lo que respecta a un uso similar de las extremadamente sofisticadas técnicas de tapicería (que utilizan más de cien hilos por pulgada de tejido). Sabemos que los incas, cuyo centro administrativo estaba en Cuzco, veían, 388
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